miércoles, 9 de mayo de 2018

EL VIAJE DE LINDBERGH A SUDAMÉRICA (XVII). HACIA CUBA

Charles Lindbergh


En la mañana del 8 de febrero partí de Haití hacia Cuba, en mi segundo vuelo más largo desde que dejé México, cerca de 800 millas. El Spirit of St. Louis había estado en el aire, a lo largo de su vida, por más de 459 horas. Había hecho 167 vuelos y volado cerca de 40.000 millas. Su motor original no había sido reemplazado y tampoco había sufrido reparaciones mayores. Ni el avión ni el motor habían tenido más del cinco por ciento de reemplazos; ambos estaban en buenas condiciones y parecían completamente capaces de volar otras 40.000 millas o incluso más. Creo que, con correcto cuidado y mantenimiento, el avión moderno y su motor pueden alcanzar hasta las 150.000 millas.

Sobre enviado desde Santo Domingo hasta Puerto Príncipe en el Spirit of St. Louis

El Correo de Haití no quiso pasar por alto la oportunidad para demostrarme su admiración llamándome "rey del aire" y marcando las cartas que circulaban en ese día con obliteraciones especiales que contenían frases de regocijo por el gran triunfo alcanzado. las estampillas, a las que se llamó Lindbergh, exhibían dos ramas de cafeto y un racimo de frutos en el centro.

La Sociedad Filatélica de Haití quiso así inmortalizar mi hazaña. También me ofrecieron una colección de timbres raros para que los conservara como recuerdo de mi visita.

Sobre enviado desde Puerto Príncipe hasta La Habana en el Spirit of St. Louis

A las nueve y veinte de la mañana tocaba ya en la parte oriental de la isla de Cuba. Debajo se veían terrenos cubiertos por vegetación semi tropical interrumpida aquí y allá por sementeras de diversas mieses y plantaciones de bananos. Unas cuantas millas más allá se divisaba un risco nevado que se elevaba a cientos de metros de la altitud que yo llevaba. Al norte el valle de Gunatánamo cubierto de cañaverales. La población de esta isla era densa y se veían varias ciudades. Llevaba en el avión tres valijas postales, que eran las primeras que acarreaba el Spirit of St. Louis. Una de dichas valijas era de Santo Domingo y, aunque me detuve en Puerto Príncipe por dos días, el correo llegó a La Habana varios días antes de los que hubiera empleado un vapor. Es el territorio ideal para inaugurar, de una vez para siempre, el tráfico aéreo, pues en esa forma los turistas acudirían allá atraídos por la fácil y pronta manera de viajar en esos lugares cubiertos de belleza climática e histórica. Sin embargo, las cosas avanzan en forma tal que no se puede decir que no sea un sueño imposible de realizar la unión de las dos Américas con líneas aéreas por la vía de las Antillas. También pronto se inaugurará el servicio permanente entre México y las repúblicas de Centroamérica, como desarrollo natural de los servicios existentes en los Estados Unidos.

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