Juan Pablo Aguilar Andrade
actualidadfilatelica@gmail.com
Veo que es una historia que muchos conocían. Yo se
la debo a mi amiga Mónica Ribadeneira y la cuento como una más de esas
curiosidades del servicio postal.
Todavía hoy, ratas y ratones son parte la fauna
londinense; hasta el mismo Palacio de Buckingham soportó una plaga en 2019. En
1868, el desorden del crecimiento urbano, la antigüedad de las construcciones y
la acumulación de desechos, hacían de Londres un paraíso para los roedores y
dieron origen a un oficio que, según se dice,
era muy lucrativo, el de rat catcher o cazador de ratas.
Para la oficina de giros del correo londinense, la
presencia cotidiana de los animalitos representaba un peligro adicional: la
pérdida de los valores monetarios que debía proteger y entregar a sus
destinatarios, impidiendo que se conviertan en pedazos inservibles o en papel
picado.
Los responsables del servicio postal recurrieron a
los gatos. Tres felinos fueron contratados por un período de prueba de seis
meses, con una asignación de un chelín semanal para su manutención. Al parecer,
el ensayo rindió frutos, la eficiencia de los cazadores les hizo acreedores a
un aumento de medio chelín en 1873 y los gatos fueron parte de la vida en las
oficinas del correo hasta que en junio de 1984 murió Blackie, el último felino
postal.
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| Jack Black, el más famoso de los rat catchers |
Otras oficinas postales siguieron el ejemplo de la
de Londres e, incluso, se sabe que en Nueva York el correo se valió de los
felinos en su lucha contra los roedores.
Al parecer, las asignaciones económicas para estos
funcionarios postales fueron tema de preocupación y, el 18 de marzo de 1953, el
Subdirector General de Correos debió comparecer ante el Parlamento, para dar
explicaciones.
Del acta, que puede verse pulsando AQUÍ (y que les invito a leer porque no tiene desperdicio), se
desprende que el servicio gatuno tenía sus deficiencias; a menudo era poco
fiable, según el subdirector, y los gatos de dejaban de ser caprichosos y
propensos a un absentismo prolongado. No había, tampoco, un esquema salarial
apropiado y las asignaciones variaban de un lugar a otro. De todos modos, salvo
en el caso de ls oficinas de Londres, los valores estaban congelados desde 1918
y no se habían producido incrementos; el subdirector informó que, pese a ello,
no se había recibido queja alguna, entiendo que de los gatos.
Los parlamentarios se preocuparon por las
condiciones laborales de los cazadores. ¿Hay asignaciones familiares en caso de
maternidad? ¿El servicio de maternidad es adecuado? ¿Se respeta la igualdad
salaria entre gatos y gatas?
El subdirector respondió afirmativamente a las dos
últimas preguntas, pero lamentó la falta de una asignación por descendencia,
aunque los administradores de correos “tienen plena discrecionalidad para
conceder una ayuda por maternidad”.
El tratamiento salarial que recibían las gatas las
colocaba en una situación superior a la de las mujeres que trabajaban en el
servicio postal; éstas tuvieron que esperar hasta 1955 para que, después de una
lucha de varios años, se pusiera en marcha un plan de incrementos que permitió
alcanzar la igualdad seis años después, en 1961.
No conozco cuántos gatos pasaron por el correo
británico durante los más de cien años en los que protegieron la integridad de
la correspondencia. Pero todos coinciden que el más famoso de estos servidores
fue Tibs, que nació en 1950 y cazó ratones en el correo londinense hasta su
muerte, a causa de un cáncer oral, poco antes de la Navidad de 1964.
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| El Post Office Magazine informa la muerte de Tibs el Grande |
El Post Office Magazine publicó la noticia del
fallecimiento de este gato de diez kilos, al que bautizó como Tibs el Grande.
Por ella nos enteramos de que no hay constancia de que Tibs haya concedido
audiencia a ningún director de correos, pero sí sabemos que fue la figura
dominante en una fiesta gatuna que reunió a lo más selecto del mundo felino.
Nunca habrá otro Tibs, dice la nota, y, en los
veinte años siguientes, nadie superó la fama y popularidad de este gato. El
servicio gatuno dejó de existir en 1984, pero la tarea de cazar ratones como
ocupación oficial, con nombramiento y remuneración, se mantiene en otros
espacios. El gato Larry es, sin duda, el más destacado de estos funcionarios
públicos del Reino Unido, y nadie duda de que se trata del más popular de los
ocupantes del número 10 de Downing Street, la residencia oficial del primer
ministro.