miércoles, 28 de septiembre de 2016

ENRIQUE VALDEZ CONCHA. UN SELLO COMÚN CON UN PERSONAJE POCO CONOCIDO

Muchas veces, los sellos de correo rinden homenaje a personajes que, pese a la importancia que tuvieron en momentos determinados, se vuelven desconocidos para las generaciones futuras. Es lo que ocurre con una estampilla que, por común, ha pasado sin duda por las manos de todos los coleccionistas del Ecuador: se trata de la estampilla roja, con el centro negro, que empezó a circular en febrero de 1915, con el retrato de un militar al que se identifica únicamente como "Valdez" (Banco Central 342, Scott 220).

No cabe duda que en 1915, cualquier persona medianamente informada sabía quién era Valdez. Cien años después pocos lo conocen y, para muchos, es simplemente el retrato de un militar desconocido, en una estampilla con la que nos topamos frecuentemente.

El coronel Enrique Valdez Concha nació en Esmeraldas el 28 de noviembre de 1871 y, gracias a la fortuna familiar, estudió desde los quince años en Londres, en el Colegio de Eton. A la muerte de su padre, en 1889, regresó a Guayaquil, pero dos años después se trasladó a Estados Unidos para estudiar comercio y contabilidad.

En 1894 se había agotado la herencia paterna, por lo que entró a prestar sus servicios en la Aduana del puerto principal. Al precipitarse los hechos que llevarían a la revolución alfarista de junio de 1895, Enrique Valdez formó parte del grupo que, encabezado por Pedro J. Montero, inició la sublevación en la ciudad de Milagro el  6 de febrero de 1895. Edecán de Alfaro, participó en la campaña militar que llevaría a éste al poder.

Retirado a la vida civil, administró con éxito el negocio que había establecido su padre, al que nos referiremos más adelante, pero volvió a las filas militares en 1910, con motivo de la crisis internacional de ese año, que casi termina en una guerra entre Ecuador y Perú. En 1911 integró las fuerzas del gobierno que terminaron con la sublevación de Pedro J. Montero; los líderes liberales aprisionados en esa oportunidad terminarían asesinados en la "hoguera bárbara" de enero de 1912.

Vencido Montero, fue juzgado por un Consejo de Guerra reunido en Guayaquil el 25 de enero de 1912. Valdez fue parte de ese Consejo y votó en contra de la condena a degradación militar y 16 años de prisión que fue impuesta por el tribunal, pero que no fue suficiente para la turba congregada en el lugar del juicio: allí mismo, Montero fue asesinado de un disparo y su cadáver arrojado a la calle y arrastrado hasta la plaza de San Francisco, donde se lo quemó.

Dos años después, Valdez fue parte de las tropas del gobierno y tuvo que entrar en combate nuevamente contra sus antiguos compañeros de armas, pero esta vez, quien dirigía la sublevación era su tío, el coronel Carlos Concha Torres.

Las tropas del gobierno desembarcaron en Esmeraldas y avanzaron por la costa; el 12 de abril de 1914, en el sitio Camarones se produjo un combate en el que, con sus tropas prácticamente exterminadas, Valdez, que luchaba para no entregarse, fue derribado del caballo y murió macheteado por los revolucionarios.

Las circunstancias de la muerte de Enrique Valdez, así como su relación familiar con el jefe de la revuelta, fueron explotadas propagandísticamente por el gobierno de Plaza, que hizo del coronel un héroe del orden constituido y un símbolo de la lucha contra la guerrilla conchista. Parte de esa explotación propagandística fueron la estampilla y las inusitadas honras fúnebres que se rindieron al coronel en Guayaquil.

Cuentan que para María Murillo, la viuda del coronel Valdez, los homenajes y, particularmente la estampilla, se convirtieron en elemento para mantener constante el dolor por la pérdida de su marido. El sello dejó de circular precisamente en 1928, el año en que murió la señora Murillo.

Hay un tema adicional que tiene que ver con el coronel Valdez Concha, también poco conocido y relacionado con la filatelia. En 1985 se emitieron dos sellos postales y una hoja recuerdo para conmemorar el centenario del establecimiento del ingenio Valdez, en Milagro. En uno de los sellos, con valor facial de cien sucres (Banco Central 2420; Scott 1082B), aparece el retrato del fundador del ingenio, Rafael Valdez Cervantes (1837-1889), ibarreño, quien fue el padre de Enrique Valdez Concha. El negocio que este último administró luego de la revolución liberal fue, precisamente, el ingenio, que por iniciativa de su fundador fue el primer sitio alumbrado con luz eléctrica en el Ecuador.

1 comentario:

  1. Excelente aporte para las generaciones actuales, gracias por mencionar a mi ancestro y su rica historia, familiar directo, tatarabuelo de mi padre.

    ResponderEliminar