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sábado, 17 de abril de 2021

LAS ESTAMPILLAS DE LUNDY

Lundy es una isla de poco más de cinco kilómetros cuadrados (5 kilómetros de norte a sur y 1,56 kilómetros de este a oeste) ubicada en el canal de Bristol, entre Inglaterra y Gales. Su flora y fauna únicas hicieron que se convirtiera en la primera reserva natural marina de Inglaterra.  Tiene 28 habitantes, según los últimos registros, y es un sitio de interés turísticos que recibe miles de visitantes al año. La actividad turística financia a Landmark Trust, que administra la isla, propiedad de National Trust, la Fundación Nacional para Lugares de Interés Histórico o Belleza Natural.

La isla contaba con un servicio postal en el siglo XIX; se ha registrado su funcionamiento al menos desde 1887. El servicio postal británico, sin embargo, cerró la oficina en 1928 y, a partir de entonces, el propietario de Lundy, Martin Coles Harman, asumió el transporte de la correspondencia para sacarla de la isla y entregarla al correo británico en Bideford. Esto se hizo inicialmente sin costo, pero a partir de 1929 Harman decidió cubrir los costos cobrando por la prestación del servicio y, para el efecto, emitió sus propios sellos postales.

La primera emisión de Lundy (1929)

El 1 de noviembre de 1929 se pusieron en circulación dos estampillas, ilustradas con un frailecillo atlántico, ave de la isla, llama puffin en inglés. Harman, que decidió no valorar a los sellos en moneda inglesa sino utilizar su propio sistema, escogió precisamente ese nombre, puffin, para denominar a su unidad monetaria. Esto haría que las estampillas fueran conocidas, también, como estampullas puffin. Según cuenta Ernest A. Kehr, las plumas de puffin fueron utilizadas en algún momento por los nativos de la isla para sus transacciones mercantiles, lo que da mayor sentido a la decisión de Harman.

Las primeras estampillas de Lundy fueron una de 1/2 puffin de color rojo y otra de 1 puffin de color azul; como ya se dijo, las estampillas se ilustraron con frailecillos, la de 1/2 puffin rojo con una cabeza del ave y la de 1 puffin azul con el frailecillo completo, posado frente al océano. Fueron impresas por Bradbury, Wilkinson y compañía.

En 1930 se emitió una nueva serie de 3 sellos, de 6, 9 y 12 puffin, en colores violeta, café y verde, con diversas imágenes de grupos de frailecillos.

Segunda emisión de Lundy (1930)

A partir de entonces se han emitido cerca de cuatrocientas especies postales y, aunque se trata de sellos privados no reconocidos, hay muchos coleccionistas que buscan estas piezas, entre las cuales hay varias muy valoradas, y se han editado estudios y catálogos de estos sellos. Las emisiones de Lundy pueden verse pulsando AQUÍ.

A lo largo del tiempo se han emitido sellos para el correo aéreo, sobretasas, emisiones reselladas, cuadernillos, hojas recuerdo y enteros postales. Se puede contactar con el servicio postal de Lundy pulsando AQUÍ.

En 1969, la isla fue comprada por el millonario británico Jack Hayward quien la cedió al National Trust.

Mapa de Lundy, con su ubicación, y hoja recuerdo emitida en 2019, con imágenes de la isla

Inicialmente, las estampillas de Lundy debía colocarse al reverso de la pieza postal enviada, para que en el anverso pudieran colocarse los sellos del Reino Unido. Desde 1962 se autorizó que los sellos de Lundy se pegaran en el lado de la dirección de las tarjetas postales, pero separados de los del Reino Unido.  En 1992 se autorizó que esto se hiciera en toda la correspondencia.

Las estampillas de Lundy, que originalmente solo cubrían el costo del transporte para salir de la isla y llegar a la oficina de correos de Bideford incluyen, desde 1974, la tarifa para el transporte dentro del Reino Unido.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

LA REPÚBLICA DE LA ISLA DE LAS ROSAS

La República de la Isla de las Rosas ha saltado a la fama en estos días, gracias a una película digna de verse, que se presenta en la plataforma Netflix. El de las micronaciones es un tema de lo más interesante y entretenido, que nos presenta a un no pequeño grupo de individuos a los que podemos calificar como soñadores, si no nos dejamos llevar por la tentación de considerarlos simplemente locos; su denominador común, buscar un espacio en el mundo para construir un orden propio, superar a cualquier político y sustituir la meta de convertirse en gobernante de un país, por la de construir un Estado propio y a la medida. Y ese Estado aparece rodeado de símbolos (una bandera, un escudo) y genera productos que pretenden expresar el ejercicio de un poder soberano: monedas o sellos de correo, por ejemplo, que es lo que convierte a las micronaciones en sujeto de interés de filatelistas y numismáticos.

El hecho de que ya no quedan tierras inexploradas y que no haya territorios que no pertenezcan a estados soberanos, es dentro de estos donde las micronaciones reivindican un espacio. Pero ha habido también casos en los que la micronación se establece en tierra de nadie, en un lugar al que no han llegado los estados soberanos pero que acaba incomodando a éstos, o a uno de ellos, que acaba copando o destruyendo el espacio.

La plataforma donde se estableció la República de la Isla de las Rosas (Biblioteca Gambalunga, Rímini)


Es esto último lo que ocurrió con la República de la Isla de las Rosas. Giorgio Rosa (1925-2017), fue un ingeniero italiano, nacido en Bolonia, quien a partir de 1958, y con las autorizaciones del caso, empezó a poner a prueba un nuevo proceso constructivo para instalar una plataforma en el Mar Adriático, a once y medio kilómetros de la ciudad italiana de Rímini, fuera del mar territorial de Italia.

Lentamente, y con interrupciones, se levantó la estructura de 400 m2, que se abrió al público el 20 de agosto de 1967; contaba con un restaurante, un bar, una discoteca y una tienda de recuerdos y se convirtió en un atractivo turístico que generó tráfico marítimo entre Rímini y la isla artificial. Se estableció también una oficina postal, ubicada en Vía Georges Bizet No. 3, en la Isla de las Rosas.

Giorgio Rosa y su esposa Gabriella Chierici (foto Lorenzo Rosa)


El 1 de mayo de 1968 la plataforma declaró su independencia y se proclamó como estado soberano: el Territorio Libre de la Isla de las Rosas o Libera Teritorio de la Insulo de la Rozoj, en esperanto, el idioma que asumió como oficial la nueva micronación; luego el nombre fue cambiado a la República Esperantista de la Isla de las Rosas o Esperanta Respubliko de la Insulo de la Rozoj.

El gobierno de la isla lo presidía Giorgio Rosa, como Presidente del Consejo de los Departamentos. Estos últimos eran seis: Presidencia, Finanzas, Interior, Industria y Comercio, Relaciones y Asuntos Exteriores, dirigidos por Antonio Malossi, María Auvernia, Carlo Clerks, Luciano Marchetti, Luciano Mole y Mezzini Cesarina, respectivamente.

Hoja de la primera emisión de sellos postales de la República de la Isla de las Rosas


Pese a que la plataforma se encontraba en aguas internacionales, el gobierno italiano la vio como un instrumento de evasión tributaria y tomó cartas en el asunto. El 25 de junio de 1968, agentes de la Dirección de Investigaciones y Operaciones Espaciales, Carabineros y la Guardia de Finanzas ocuparon sin violencia la plataforma. Ninguna respuesta mereció la protesta del gobierno de la República Esperantista ante el presidente italiano Giuseppe Saragat (1898-1988).

Después de un proceso judicial de varios meses, el 11 de febrero de 1969 la Marina italiana desmanteló la plataforma y pretendió destruirla con cargas explosivas; el sistema constructivo de Rosa mostró sus virtudes porque los pilares resistieron y fue necesaria una segunda explosión, el 13 de febrero, para conseguir que la estructura se deforme sin llegar a derrumbarse; fue una tormenta la que la hundió en el mar el 26 de febrero.

Segunda y tercera emisiones de la República de la Isla de las Rosas.
Nótese la mancha sobre las letras L.T. en ambos sellos, lo que los identifica como pertenecientes a la segunda emisión
(Imágenes tomadas de Micronacional


Aunque no llegó a acuñar monedas ni imprimir billetes, la República de la Isla de las Rosas estableció como su unidad monetaria el mill (milo en esperanto, plural miloj), que equivalía a una lira italiana.

Antes y después de la destrucción de la isla se hicieron cinco emisiones de sellos postales: dos de ellas entre el 1 de mayo y el 25 de junio de 1968, otras dos luego de la ocupación y antes de que se destruya la plataforma y una última después de que fuera hundida la isla artificial. En la película, Roso aparece en medio de una fiesta, diseñando las estampillas.

Quinta emisión de la República de la Isla de las Rosas.
(Imágenes tomadas de Micronacional


Las dos primeras emisiones tienen idéntico diseño: un mapa con la plataforma y su ubicación en el Adriático con el valor facial (30 mills) en la parte inferior y la leyenda POSTO DE LA L.T. / DE LA INSULO / DE LA ROZOJ en los laterales y en la parte superior. Una mancha en las letras L.T, distingue a la segunda emisión de la primera.

La tercera y la cuarta emisiones se hicieron resellando las anteriores con la leyenda en negro MILITA / ITALA / OKUPADO (Ocupación Militar Italiana), en la tercera emisión dentro de un rectángulo y en la cuarta sin éste. El resello se hizo son un sello de goma.

Hoja del sello de 30 mills de la quinta emisión de la República de la Isla de las Rosas


La quinta emisión la hizo el gobierno de la República en el exilio. Fueron tres estampillas de 30, 60 y 120 mills, que muestran la destrucción de la plataforma, un barco en el que flamea una bandera roja y una cinta de luto.

Las estampillas se imprimieron en bloques de diez sellos (dos filas de cinco) y se hicieron unas cinco mil de las primeras dos emisiones, de las cuales se resellaron alrededor de cien ejemplares. De la última emisión se hicieron 1.500 ejemplares.

Se utilizó también un matasellos con la inscripción Verda Haveno (Puerto Verde en esperanto).

domingo, 31 de diciembre de 2017

EL PATERSON. LA PIEZA DEL MES EN EL MUSEO NUMISMÁTICO

A partir de 1896, la South American Development Co. (SADCO), fue la concesionaria de la explotación de oro en la zona de Zaruma. El campamento que estableció como centro de operaciones, se convertiría en la actual ciudad de Portovelo. La explotación laboral fue una de las vías de obtención ilegítima de ganancias utilizada por la compañía; en 1938,  el dirigente comunista Ricardo Paredes (1878-1979) publicó El imperialismo en Ecuador: oro y sangre en Portovelo, libro en el que hizo un estudio sobre las operaciones de la SADCO y denunció las condiciones de las mismas; ese mismo año, el gobierno del general Alberto Enríquez Gallo tomó medidas de control sobre la compañía y estableció regulaciones más estrictas para la concesión.

Una de las expresiones de la explotación laboral en el campamento de Portovelo fue la emisión de moneda propia de la compañía, para pagar con ella a los trabajadores. Se trataba de billetes impresos en material textil, que podían ser canjeados por bienes o servicios en los locales de la compañía; llegaron a difundirse en tal forma que, aunque fueron pensados inicialmente para los campamentos mineros, se utilizaron en ciudades como Piñas, Machala e, incluso, Cuenca y Loja.



El billete de la SADCO fue conocido popularmente como Paterson, apellido de uno de los funcionarios de la compañía minera.

El Museo Numismático del Banco Central del Ecuador exhibe, como pieza del mes, un ejemplar de este billete de emisión privada que, según informa la página del museo el investigador Fabricio Toledo Maldonado calificó como probablemente única. Hemos visto, sin embargo, difundida en Facebook, la imagen del anverso y el reverso de otro Paterson que, según se indica, ilustra la  Historia del cantón Portovelo, de Víctor Muñoz Dávila. La reproducimos a continuación.



Un dato curioso. Cuando la compañía minera fue obligada a retirar de circulación sus billetes, se descubrió que circulaban una buena cantidad de piezas falsificadas, seguramente por impresores locales, pues a la hora de canjear los Paterson con moneda nacional, la SADCO recibió más billetes de los que había registrado como emitidos.

domingo, 24 de enero de 2016

ESTAMPILLAS Y MONEDAS DE TIERRA DEL FUEGO

Julio Popper llegó a la Argentina en 1885, atraído por las noticias del descubrimiento de oro en Cabo Vírgenes, en la punta sur de la Patagonia.

Julio Popper
Había nacido en Bucarest (Rumania) el 15 de diciembre de 1857 y, tras graduarse como ingeniero de minas en el Politécnico de París, recorrió Egipto, Turquía, India, China, Japón, Rusia, Norteamérica, Cuba y Brasil.

A su arribo a Buenos Aires, estaba ya en marcha el proceso de organización administrativa de los territorios donde se había descubierto el oro, y se emprendían empresas comerciales para explotarlo. Los conocimientos profesionales de Popper, que hablaba un perfecto castellano, unidos a  su desenvoltura social, le convirtieron pronto en figura destacada de los proyectos mineros y le relacionaron con importantes personalidades argentinas.

Con permiso del gobierno organizó una expedición que partió hacia Punta Arenas, en la Patagonia chilena, el 7 de septiembre de 1886; desde allí atravesó Tierra del Fuego hasta la bahía de San Sebastián, "en cuyas márgenes el oro se hallaba mezclado con las rocas de los acantilados" (Walter L. Bose, La estampilla de Tierra del Fuego. Julio Popper y el correo).

En marzo de 1887, ya de regreso en Buenos Aires, dictó una conferencia por invitación del Instituto Geográfico Argentino, en la que exhibió mapas de la zona, las fotografías tomadas durante la expedición y los objetos y arenas auríferas que había recogido en el curso de ella.

Los relatos de Popper atrajeron el interés de los inversionistas que conformaron la "Compañía de Lavaderos del Sud", de la que el rumano se convirtió en Director Técnico. El primer lavadero de oro se instaló en el sitio llamado El Páramo, al norte de la bahía de San Sebastián.

Pero la tierra en la que Popper instalaba sus empresas tenía dueños: los selknam u onas, habitantes originarios del sector que se convirtieron en blanco de los buscadores de oro, que en organizadas cacería de indios, redujeron la población aborigen de alrededor de cuatro mil personas en 1880, a no más de quinientos a inicios del siglo XX. Popper fue participante activo de la campaña contra los onas, y se retrató junto a sus cadáveres en fotografías con las que compuso un álbum, que regaló al presidente argentino Miguel Juárez Celman.
Julio Popper durante la campaña contra los indios,
con un ona muerto a sus pies

Popper desarrolló sus actividades en medio de tensiones y enfrentamientos con las autoridades locales y con otros buscadores de fortuna, y es claro que unas y otros aunaron esfuerzos para, al menos, entorpecer las actividades del rumano.

Ese es el caso de las denuncias que, a día seguido, presentaron contra él Ramón Lucio Cortés, Comisario de Policía y Administrador ad honorem de la oficina postal de San Sebastián (Tierra del Fuego), y los exploradores franceses Henry Rousson y P. Willems.

Estos últimos eran parte de una misión científica organizada por el Ministerio de Instrucción Pública de Francia, que exploró Tierra del Fuego entre 1890 y 1891 (E.J. Godley, Botany of the southern zone exploration, 1847-1891; una colección de fotos de la expedición puede verse en los archivos de la Biblioteca Nacional de Francia). Molestos por las acusaciones que Popper había formulado en su contra por supuestas atrocidades contra los onas, los franceses publicaron el 4 de julio de 1891 en el diario La Prensa, de Buenos Aires, una carta abierta que se reprodujo el día 7 en La Nación, en la que, y ésto es lo que nos interesa para los fines de esta nota, afirmaban que "no satisfecho con publicar violentas notas, acuñar monedas de curso forzoso en su establecimiento y de vender estampillas con su efigie, el señor Popper asalta a mano armada a los pobres mineros, forzándolos a entregar cuanto poseen".

Un día antes, el 3 de julio, Ramón Lucio Cortés, en su calidad de Administrador de la Estafeta de San Sebastián, había presentado ante el Director General de Correos y Telégrafos una denuncia relacionada con las estampillas utilizadas por Popper que, afirmaba Cortés, "no me parece sean legales". "Toda la correspondencia del señor Popper, que sale del departamento de San Sebastián, continuaba el denunciante, lleva esta clase de franqueo, y como en este departamento existe una oficina de Correos, de la cual soy el encargado, lo comunico a usted para su resolución".

El expediente formado a partir de la denuncia de Cortés fue publicado y analizado por Walter L. Bose (La estampilla de Tierra del Fuego. Julio Popper y el correo), y recientemente Carlos Baldassarre estudió también el tema en un artículo publicado en el segundo número (noviembre de 2012), de la Revista de la Asociación de Filatelia y Numismática de Río Grande Tierra del Fuego.

Si bien las influencias de Popper hicieron que salga airoso del trance, los documentos producidos a partir del incidente nos permiten conocer detalles sobre este capítulo de la numismática y la filatelia de Tierra del Fuego.

La acuñación de monedas la explica Popper por la necesidad de facilitar los intercambios, en un territorio en el que para éstos se utilizaba polvo de oro. "Mi establecimiento en Tierra del Fuego, indica, se halla a veces incomunicado por períodos mayores de seis meses. Allí los obreros no trabajan asalariados, sino reciben casa, manutención, máquinas y herramientas gratis, y parte del oro que extraen del suelo, oro en polvo, que a la intemperie, en el campo libre, es imposible de manejar o, fraccionar, sin pérdidas considerables".

Las monedas valían por su peso en oro y eran de dos clases, una de un gramo y otra de cinco. Inicialmente fueron acuñadas toscamente en El Páramo, el establecimiento de Popper, y tenían en el anverso la inscripción "TIERRA DEL FUEGO", el año de acuñación (1889) y al centro el apellido del empresario (POPPER); al reverso constaba el peso de la moneda y la inscripción "EL PARAMO", con un pico y un martillo cruzados al centro.

Moneda de un gramo de oro, de la primera acuñación
Popper hizo una nueva acuñación, el mismo año 1889, esta vez en la Casa de Moneda de la Nación, con las mismas características pero, obviamente, con un buen trabajo. Se hicieron mil piezas de un gramo y doscientas de cinco.


Las monedas de uno y cinco gramos de la segunda acuñación
Si se toma en cuenta la generalizada costumbre, en muchos de nuestros países, de utilizar fichas o vales para las transacciones internas en los establecimientos agrícolas o industriales, nada de extraño tiene lo hecho por Popper; todo lo contrario, en este caso no se trata de piezas fiduciarias, sino de monedas, o medallas como las llamaba el rumano, con valor intrínseco y, por lo tanto, transables en cualquier lugar.

Menos clara es la explicación relacionada con las estampillas; dice Popper:

"Como es difícil acuñar medallas por fracciones menores de un gramo, y teniendo muchas veces que satisfacer diferencias en centigramos de oro, tuve que emitir vales en forma de ... estampilla ... que, según la inscripción, representa diez centavos o centigramos de oro local de Tierra del Fuego".

La explicación es un tanto confusa, pues si por una parte se da a las estampillas la calidad de monedas, más adelante se protesta por el mal servicio postal en San Sebastián, con lo que parecería que se quería justificar el uso de un sistema de correos propio, pero se sostuvo también que jamás se había franqueado correspondencia con los sellos y que solo se envíaba mensajeros entre puntos que carecían de comunicación postal, a los que ses pagaba, para asegurar el buen trasporte de la correspondencia, "un marca de diez centigramos, que inutilizan o devuelven al recibir el oro efectivo".

Lo cierto es que Julio Popper estableció un servicio postal propio en la zona de su influencia. La correspondencia era franqueada con la estampilla y se cancelaba con matasellos de sus establecimientos. Estos matasellos eran en general de doble círculo, al centro aparecía la fecha y en la parte superior, entre los círculos, el nombre de la localidad; se conocen de Carmen Sylva, Colonia Popper, San Sebastián y Sandy Point. El matasellos de Páramo era un círculo simple, con el nombre del establecimiento y la fecha (se pueden ver las imágenes en Museo del Fin del Mundo).

La estampilla se emitió probablemente en 1891, pues se conocen matasellos fechados entre abril y agosto de ese año; no es aventurado suponer que dejaran de emplearse a raíz de la denuncia de Cortés; tenía un valor facial de 10 centavo oro y está ilustrada con la imagen de un martillo y un pico cruzados, sobre los cuales aparece un sol con la letra P (Popper, aunque este último afirmaba que era la inicial de Páramo) y una banda con las palabras TIERRA DEL FUEGO. Un sobre en la esquina inferior derecha es prueba de su destino postal.

Se hicieron dos tiradas, distinguibles por la tonalidad de color pero sobre todo por el dentado defectuoso de la primera.

A la izquierda la primera tirada, con dentado defectuoso, y a la derecha la segunda

Las estampillas fueron diseñadas por el austríaco Rodolfo Soucop e impresas en litografía por Juan H. Kidd y Cía, en Buenos Aires. Según el catálogo especializado de la Sociedad Filatélica de Chile (2006), existen pruebas en colores negro, azul, pardo, verde, naranja y rojo. La identificación de la casa impresora consta en la bandeleta (KIDD y Cia. Limd., Sn. MARTIN 351).

En la parte superior, la identificación de la casa impresora
en la bandeleta de los sellos
La impresión se hizo en planas de cien sellos y, por las particularidades del trabajo litográfico, existen detalles de impresión diferentes entre ellos. Hay doce tipos diferentes, distribuidos en bloques de 4x3 en la plana; los detalles sobre este particular pueden consultarse en el catálogo especializado de la Sociedad Filatélica de Chile y en Chilecollector.

Hay, además, dos posiciones claramente identificables: la 4 y la 68. En la primera, desaparece la línea superior del cajón que contiene el número diez, en la esquina superior derecha; mientras que en la segunda hay una mancha blanca sobre la letra E, en la palabra FUEGO.
Arriba, posición 4, abajo, posición 68

La correspondencia entre los establecimientos de Popper se franqueaban con la estampilla y, si se dirigían fuera de éstos, llevaban el sello para el transporte interno, y se agregaban luego las estampillas del correo oficial en el punto de partida hacia el exterior: chilenas en Punta Arenas o argentinas cuando se despachaban por mar hacia Buenos Aires.

También la correspondencia entrante era conducida dentro del "territorio de Popper", adhiriendo una estampilla adicional a la oficial que había servido para el franqueo en el punto de origen. Según Walter B.L. Bose, "si el importe de la estampilla se cobró del destinatario en el acto de entrega de la carta, no es posible comprobarlo hoy, como tampoco se puede demostrar que los mineros hayan franqueado ellos mismos sus cartas con esa estampilla".

La estampilla de Popper es, sin duda, argentina; ahí fue impresa y fue en ese país donde Popper desarrolló sus actividades. Sin embargo, la utilización de Punta Arenas como puerto de salida de la correspondencia y, con ello, la necesidad de que se emplearan sellos chilenos, la convierte también en una pieza de la historia postal de Chile; de ahí su inclusión en el catálogo especializado de la Sociedad Filatélica de ese país.
Sello rumano emitido en 1986,
con el retrato de Julio Popper

¿Qué pasó con Popper?

Dos años después del incidente de las estampillas, el 6 de junio de 1893, fue encontrado muerto en un hotel de Buenos Aires. La versión oficial, según la cual había sufrido un ataque al corazón, no convenció a quienes inmediatamente empezaron a tejer historias alrededor del hecho: envenenamiento, venganza de enemigos, el rival que se queda con las tierras de Popper, fueron algunas de las historias que circularon alrededor del hecho. Como siempre, la muerte de un hombre joven (Popper falleció a los 35 años), a quien se suponía fuerte y saludable, es caldo de cultivo ideal para cualquier teoría de la conspiración.

Lo cierto es que al momento de morir, Popper trataba de reponerse de las dificultades económicas que había sufrido y tenía en carpeta una serie de proyectos a desarrollar en Tierra del Fuego: colonización europea, una colonia para el establecimiento de los onas, desarrollo de la actividad ganadera, la navegación en el Estrecho de Magallanes y la construcción de una nueva ciudad. 
Matasellos rumano
conmemorativo del
sesquicentenario
del nacimiento de Popper

En palabras de Carlos Baldassarre, "muy probablemente el sector argentino de la Tierra del Fuego hubiese tenido otro impulso, de no haber desaparecido -en sus comienzos institucionales- la figura de un hombre tan allegado a las más altas esferas del poder político de la Nación, dado que el desconocimiento, la indiferencia y el abandono del gobierno central hacia este rincón austral del país, fue una constante a lo largo de numerosas páginas de la historiografía fueguina".

En su país, Popper ha recibido algunos homenajes postales.

El 23 de julio de 1986, por ejemplo, Rumanía emitió una serie de seis valores dedicada a sus exploradores polares, entre los que incluyó una estampilla en homenaje a Julio Popper, con valor facial de 50 Bani (Scott 3393).

Un matasellos conmemorativo del sesquicentenario de su nacimiento se utilizó en 2007 y se han emitido también enteros postales, entre los que destacamos el que, también con motivo del sesquicentenario del nacimiento de Popper, se puso en circulación en 2007 y contiene imágenes de la estampilla de Popper y de los matasellos utilizados para el franqueo de la correspondencia.

Sobre entero postal rumano, conmemorativo del sesquicentenario del nacimiento de Popper.
Pueden verse la estampilla de Tierra del Fuego y cuatro de los matasellos utilizados en los establecimientos del rumano