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domingo, 24 de mayo de 2026

EL FUTURO EN MINIATURA: EL V-MAIL Y SU LEGADO A LA FILATELIA TEMÁTICA

Jorge Castillo

En el fragor de la Segunda Guerra Mundial, la distancia era el enemigo más silencioso para la moral de las tropas. Mientras los soldados luchaban en frentes remotos de Europa y Asia, la necesidad de comunicarse con sus familias era vital. Sin embargo, el correo convencional era pesado, lento y ocupaba un espacio precioso en los aviones de carga que debían transportar municiones y medicinas. De esta crisis logística nació una innovación fascinante: el V-Mail (Victory Mail).


¿Qué era exactamente el V-Mail?

No era simplemente una carta; era un sistema de procesamiento híbrido que hoy nos parece un antepasado analógico del correo electrónico. El proceso era ingenioso: el remitente escribía su mensaje en un formulario especial. Luego, el ejército microfilmaba estas cartas, convirtiendo sacos enteros de correspondencia en pequeños rollos de película fotográfica.

Al llegar a su destino, los rollos se revelaban y las cartas se reimprimían en papel a un tamaño reducido para ser entregadas finalmente a los familiares. Este método permitía reducir el peso del correo en un 98%, liberando toneladas de capacidad de carga para el esfuerzo bélico.


Más que palabras: Un tesoro para el coleccionista

Para el filatelista moderno, y especialmente para quienes se dedican a la filatelia temática, el V-Mail es una mina de oro. A diferencia de un sobre estándar, estas piezas suelen contener:

  • Alegorías y Arte: Muchas cartas incluyen ilustraciones hechas a mano, cómics y dibujos de "Feliz Navidad" o "Pascua" que reflejan el estado de ánimo y la cultura de la época.
  • Marcas de Censura: Cada pieza pasaba por un riguroso control para evitar la filtración de secretos militares o comunicaciones entre espías, dejando tras de sí sellos y marcas postales únicas.
  • Rutas Históricas: El estudio de los V-Mails permite rastrear unidades militares y rutas de transporte que hoy son parte fundamental de la historia postal.

Un legado de innovación

El V-Mail no solo fue una solución logística; fue una cápsula del tiempo. Hoy, estas piezas son buscadas por su escasez y por el contenido histórico que cada una conlleva. Nos recuerdan que, incluso en los tiempos más oscuros, el ingenio humano siempre encuentra una forma de acortar las distancias y mantener vivo el mensaje de "volveré pronto".

domingo, 28 de junio de 2020

EL CARTERO DEL CHE

Eugenio de Quesada
Vicepresidente de la Sociedad Filatélica de Madrid
De la Real Academia Hispánica de Filatelia e Historia Postal

En abril de 1956, con apenas 15 años de edad, un joven llamado Leonardo Tamayo se incorporaba en la Sierra Maestra cubana a las fuerzas del comandante Ernesto ‘Che’ Guevara, como enlace (correo personal) entre los dos principales comandantes de la Revolución, el Che y Fidel. Tamayito, nombre con el que le rebautizó el Che para distinguirlo de su padre, que combatía a sus órdenes, se ganó la simpatía del guerrillero cubano-argentino desde su primera conversación:

—“¿Vos que vienes a hacer aquí?”, preguntó al joven Leonardo.

—“Lo mismo que está haciendo usted”, respondió resuelto.

—“Bueno. Pues incorpórate a un pelotón”, le ordenó el Che.

A los cuatro días, relata Tamayito en una entrevista a la Televisión Cubana (cuyo fragmento puede ver el lector pulsando en la imagen al pie de estas líneas), el comandante necesitó los servicios de un mensajero: “Ve a la comandancia”, le ordenaron, “que el Che necesita un hombre”, Y de este modo, “me convierto en enlace, como mensajero”.



Su primera labor como cartero al servicio del famoso guerrillero “era una distancia larga, subiendo lomas y bajando lomas”, que este joven e improvisado cartero salvó gracias a su gran conocimiento de los caminos de la selva y el agreste entorno rural, al igual que los míticos chasquis habían conducido siglos atrás innumerables cartas, primero fuera de valija y después al servicio de los Correos Mayores de Indias, a lo largo de buena parte del Nuevo Continente, desde las Capitanías Generales de Chiloe y del Río de la Plata, al sur, especialmente a través del extenso Virreinato del Perú a través de Qhapaq Ñan (Gran Camino Inca) hasta, en la América septentrional, en los Virreinatos de Nueva Granada (actual Colombia y Venezuela) y, al norte, en la Nueva España (hoy México).

Carta manuscrita del Che
El joven Tamayito relata: “El Che me dice por la mañana “lleva este mensaje donde está Fidel”. Tomo mi mensaje y arranco. A la una de la tarde, más o menos, llego a donde está la Comandancia de Fidel. Me dieron un pedazo de malango [tubérculo muy abundante y sabroso similar a la yuca y la patata] con una cucharadita de miel, que eso era el almuerzo que había e, inmediatamente, regresé a la Comandancia del Che”.

“Los compañeros hacían ese mensaje [cubrían la misma ruta] en dos días, y yo lo hice en el día. Cuando el Che me ve, a las seis de la tarde, me dice”:

—“Oiga, caballerito, ¿yo no le mandé esta mañana a un mensaje?”.

“Y le digo: Sí. Ya le saco la respuesta [del bolsillo]. Y ve la respuesta, que es real, y que yo he cumplido el mensaje”.

Tamayito continúa su relato. “A los cinco o seis días, el Che dice a uno de sus hombres”:

—“Que venga el indiecito que vino aquel día”.

“Voy para allá, y me dice”:

—“Necesito que me hagas [sic] el mensaje, igual que la otra vez”.

El joven regresó después de las seis de la tarde y, al presentarse ante el comandante Ernesto Guevara, para su satisfacción, ya no le llamó “caballerito”, al recibir el mensaje de respuesta. “Y a los tres o cuatro días, [cuando] necesitó mandar un nuevo mensaje, pero más cerca, a mi regreso me dijo”:

Firma del "Comte. Guevara, Che
—“Trae la mochila tuya para acá, por si necesito mandar otro mensaje, [para] que estés aquí”.

Era el nombramiento (informal pero irrevocable) del Che a su cartero (o chasqui) personal. Estas palabras “fueron suficiente aval para que me quedara seis años y diez meses al lado del Che”, declaró a la Televisión Cubana muchos años después el ya laureado Coronel Leonardo Tamayo.

sábado, 11 de abril de 2020

OTRAS PIEZAS PARA LA HISTORIA POSTAL DE LA GUERRA DE LAS MALVINAS

En una entrega anterior nos referimos al uso de aerogramas desmonetizados, para su empleo por parte de los soldados argentinos destacados en las Islas Malvinas, durante la guerra de 1982 (pueden ver la nota pulsando AQUÍ).

Soldados argentinos escribiendo cartas en el frente de guerra, en las Islas Malvinas


A propósito de ese artículo, Christian Gabriel Pérez ha tenido la amalibilidad de hacernos llegar las imágenes de otras piezas de la historia postal de la guerra de 1982, que muestran tanto uno de los aerogramas a los que ya nos referimos, como otros sobres que servían para la correspondencia de los soldados, siempre franca de porte.

Presentamos las imágenes para conocimiento de nuestros lectores y agradecemos por ellas a Christian, quien por su parte quiere dejar constancia de su gratitud a Pablo Oliva (veterano de la Guerra de Las Malvinas), por habérselas proporcionado.

Aerograma desmonetizado, remitido desde las Islas Malvinas a San Martín (provincia de Buenos Aires), el 29 de abril de 1982

Sobre del servicio postal argentino, con franqueo pagado, enviado a Luján el 11 de junio de 1982,
tres días antes de la entrada de las tropas británicas en Puerto Argentino

Sobre con leyenda alusiva a la recuperación de las Islas Malvinas, con la marca de franqueo sin cargo de la Fuerza Aérea 

sábado, 4 de abril de 2020

AEROGRAMAS Y SERVICIO POSTAL ARGENTINO EN LA GUERRA DE LAS MALVINAS

A poco de iniciada la emergencia sanitaria que vivimos, y gracias a la iniciativa de Alfonso Molina y Henry Márquez, un grupo de filatelistas se reúne virtualmente todas las noches para, en amenas tertulias filatélicas, compartir estos momentos de movilidad restringida que, con diversa intensidad, tenemos en nuestros países. 

En una de esas tertulias, y a propósito del 2 de abril, Día de los caídos en la Guerra de Las Malvinas, que Argentina conmemora anualmente, Miguel Casielles, Roberto Cravero y Christian Pérez, nos contaron el caso del servicio postal argentino que funcionó en las Islas Malvinas durante la guerra de 1982.

Los tres valores de aerogramas que, desmonetizados, se entregaron a los soldados argentinos para su uso durante la Guerra de Las Malvinas

La mañana del 2 de abril de 1982, el ejército argentino desembarcó en las Islas Malvinas y recuperó la posesión del archipiélago ocupando su capital, Puerto Argentino (Puerto Stanley para los británicos).

Inmediatamente, la Empresa Nacional de Correos y Telégrafos (ENCOTEL), organizó un servicio postal para las islas y lo puso a cargo de Everte H. Caballero, quien actuaba como Jefe de Oficina y tenía como colaborador a José Manuel Chávez. El 4 de abril los nuevos funcionarios ocuparon las oficinas que hasta entonces atendía el correo británico y el día 6 se empezó a prestar el servicio.

La oficina postal argentina en Puerto Argentino y el matasellos usado en las islas entre abril y junio de 1982


La oficina cancelaba las piezas postales con el matasellos circular 9409 ISLAS MALVINAS REPÚBLICA ARGENTINA, en el que la fecha se cambiaba manualmente. Esto hizo que en los primeros días, y hasta el 10 de abril, se produjera un error de armado y el matasellos mostrara la bandera argentina en la parte inferior del círculo, en lugar de en la parte superior, deficiencia que fue corregida a partir de esa fecha.

Los soldados argentinos recibieron, para comunicarse con su familiares y amigos en el continente, aerogramas que habían sido emitidos con tres valores diferentes, en colores rosa, azul y verde. Desmonetizados, se utilizaron sin importar su valor facial, siendo los más comunes, según nos indicaron los colegas argentinos, los de color azul.

Aerograma enviado a Buenos Aires por el soldado argentino Juan C. Geder, el 16 de abril de 1982
(foto tomada de Philatino)

Una particularidad de los enteros postales es que no solo son piezas postales sino que, en la medida en que llevan escrito el mensaje, contienen importantes testimonios históricos, que en el caso concreto que nos ocupa resultan invaluables, pues permiten conocer el día a día de los soldados argentinos, hasta que las tropas británicas ocuparon la capital del archipiélago el 14 de junio de 1982.

Un interesante estudio sobre la correspondencia de los soldados argentinos durante la Guerra de Las Malvinas, puede verse pulsando AQUÍ.