viernes, 19 de febrero de 2021

NUEVAS PUBLICACIONES

Varias publicaciones han sido puestas a disposición de los filatelistas en las últimas semanas.

La Real Academia Hispánica de Filatelia e Historia Postal acaba de publicar los tomos VI y VII de su Biblioteca Especializada, ambos dedicados a temas americanos.

El tomo VI es un trabajo de Juan Escrigas Rodríguez. Se trata de El Apostadero de La Habana. Apuntes de Historia Postal entre 1855 y 1899, que contiene un detallado estudio de las marcas utilizadas en el Apostadero de la capital cubana, desde la emisión de los primeros sellos de la isla hasta que se retiró de ella la flota española. A lo largo de 350 páginas, profusamente ilustradas, se estudian más de 250 marcas postales y administrativas diferentes, que permiten hacer un recorrido postal por los navíos de guerra españoles dependientes de la Comandancia General de la Marina de La Habana. Más inforación sobre el libro pulsando AQUÍ.


El Correo Colonial Español y Mexicano en los Estados Unidos es el título del tomo VII. Se trata de un trabajo de Yamil Kouri y Leo John Harris, quienes nos presenta, en 324 páginas, el resultado del laborioso trabajo que han realizado a lo largo de varios años, en relación con un tema poco conocido de la historia postal americana. Más información sobre el libro pulsando AQUÍ.

De Costa Rica nos llega un nuevo número, el 411 de febrero de 2021, del Repertorio Filatélico Costarricense, importante publicación periódica que desde hace más de cuarenta años nos entrega Fred O'Neill. Este número contiene un trabajo sobre el primer vuelo de la SCADTA en Costa Rica (Puerto Limón, 14 de agosto de 1925), que utiliza las piezas  de la colección de Peter von Bauer. Los interesados pueden comunicarse con el director de la publicación al correo frederickoneill379@gmail.com.

También de Costa Rica nos llega el boletín de la Asociación Filatélica de ese país. Se trata del número 144 (enero-febrero de 2021), que dedica su sección habitual, Los Rostros de la Filatelia Costarricense, a Federico Tinoco Granados, presidente de la República entre 1917 y 1919. Una nota sobre el sello estadounidense de 1869 con la imagen de la declaración de independencia, un recuento de las exposiciones filatélicas internacionales planificadas para los próximos años, una reseña bibliográfica, una nota sobre los archivos de Mauritania y el programa de emisiones de Costa Rica para 2021, completan esta entrega.


En Brasil se han publicado dos nuevos números de los boletines de la Federación Brasileña de Filatelia y de la Asociación de Filatelistas Brasileños.

El primero es el boletín de enero de 2021, que se abre el detalles de las nuevas emisiones brasileñas e incluye la colección Santos: From Precursors to the Empire (1817-1866). Los interesados en esta publicación pueden comunicarse el correo secretaria@febraf.net.br.


El boletín de la Asociación de Filatelistas Brasileños (FILABRAS), el número 7 de enero a febrero de 2021, dedica a la maximafilia y a los sobres de primer día su sección sobre las clases filatélicas. Un artículo de Lourdinha Fonseca sobre su experiencia filatélica, y una entrevista a Gustavo Lincoln Ricardo Pimenta, nos dan interesantes testimonios de vida en el mundo del coleccionismo.. Agnaldo de souza Gabriel nos entrega un artículo sobre cómo identificar una tarjeta máxima y Américo Lopes Rebelo nos presenta a la gucamaya roja en la masimofilia. Est6a ave es también motivo del estudio de Cesar Augusto de Souza Procopio sobre su presencia en los sellos de valor variable. José Evvair Soares de Sá nos presenta la primera parte de su trabajo sobre las matasellos conmemorativos brasileños y Paulo Ananias Silva nos entrega una nota sobre maximalfilia y sobres de primer día. La saudade portuguesa en los matasellos brasileños, es el tema del artículo de Geraldo de Andrade Ribeiro Jr. El númeo se cierra con una reseña de emisiones brasileñas e incluye, además, los detalles de la premiación anual de FILABRAS, a la que hicimos ya referencia en una nota de esta blog (pueden verla pulsando AQUÍ). Los interesados en este número del boletín pueden obtenerlo pulsando AQUÍ.

miércoles, 17 de febrero de 2021

UNA EXPERIENCIA FILATÉLICA

Álvaro Dahik

NOTA PRELIMINAR: Con motivo del quinto aniversario de este blog, Álvaro Dahik tuvo la gentileza de distribuir entre los filatelistas ecuatorianos una carta cuyos generosos conceptos agradecemos efusivamente. Pero el texto de Álvaro es mucho más que una nota de feliz aniversario: nos cuenta su experiencia filatélica y da, con ello, un testimonio de la actividad filatélica ecuatoriana, que sin duda vale la pena poner a disposición de nuestros lectores. Muchas gracias Álvaro. 


Estimados amigos de la Asociación Filatélica Ecuatoriana y del Club Filatélico Guayaquil: 

Cuando una persona recibe, compra o construye una colección de estampillas inevitablemente lo primero es “llenar el álbum de cromos”. 

En mi caso, la filatelia no fue un hobby que abracé desde la juventud, y peor aún desde la niñez. Como afición, la cultivo desde hace pocos años, cuando a la muerte de un querido tío me hice cargo de su hermosa colección, que consideré inapropiado no solo el dejarla perder, sino el no utilizarla como fuente de conocimientos, amistades y, no faltaba más, el goce de coleccionar, clasificar y ordenar las cosas. Fue en ese momento que conocí el Club Filatélico Guayaquil y la Asociación Filatélica Ecuatoriana, de las que hoy soy miembro y donde tengo grandes amigos filatelistas de todo el país. 

Una vez hecho el –no tan fácil hay que decirlo- esfuerzo de completar la colección de sellos postales “tipo” ecuatorianos, la pregunta fue ¿y ahora qué?, y la respuesta tenía que ser, por supuesto, investigar la historia de aquellos papelitos que teníamos en las manos pues, en palabras de Albert Lázaro Tinaut “se debe aprovechar la filatelia como fuente de información y documentación, como una manera de añadir valor a la simple acumulación y clasificación de sellos que, aunque perfectamente lícita, limita la función de las colecciones y de las piezas coleccionadas”.

Para algunos eso significa diseños, dentados, casas y  técnicas de impresión, caracteres etc. pero es obvio que el tema es mucho más que eso, pues abarca también la intención de la emisión y la relación de los sellos postales con la historia nacional porque la filatelia también es, igual que la numismática y notafilia “una ciencia auxiliar de la Historia”.

Y es que es muy fácil entender qué celebra o qué hay detrás de una emisión postal reciente pero….¿y las de antaño? ¿qué motivó su emisión? ¿para qué servicio postal, no siempre tan evidente, se imprimieron? ¿qué circunstancias políticas y económicas se vivían en esos momentos? ¿qué pasaba en el país cuando esas estampillas salieron a la venta? En internet se puede encontrar literatura sobre casi cada emisión postal ecuatoriana y ciertamente, las hay unas más interesantes que otras. 

Si bien es cierto que muchas emisiones se explican por sí solas, que con la explicación breve que sobre ellas da el catálogo del BCE es suficiente para otras; que otro grupo no son más que meros resellos por necesidad (resulta que Ecuador es el campeón y monarca absoluto de resellos postales y fiscales) es del caso que muchas de ellas incluidas algunas reselladas, sí requieren de un estudio que las explique para que puedan comprenderse a cabalidad.

Sobre esto hay información en web de Correos del Ecuador para las emisiones recientes,  en la de  AFE y en la extraordinaria biblioteca digital del CFG, pero es aquí donde se destaca muy decididamente el estupendo blog “Actualidad Filatélica”, hoy de cumpleaños que, junto a la revista digital Medio Real y, más recientemente, la plataforma virtual “Mi Oficina”, contienen un magnífico aporte filatélico investigado, escrito e impartido por varios eruditos como Melvin Hoyos, Georg Maier, Teddy Suárez, Paúl Novoa, Roberto Ortiz, Diego Vásconez, Pablo Pérez, Elvis Vélez entre otros, pero muy, muy especialmente destaca un nombre que como ningún otro encuentro omnipresente en la tarea de investigar, recopilar y publicar esta información: Juan Pablo Aguilar Andrade, editor del blog señalado y cuyo aporte, junto al de los demás amigos mencionados y otros destacados filatelistas, quiero públicamente reconocer, felicitar y agradecer.

La labor investigativa y divulgativa de los estudiosos mencionados y otros más merece ser destacada, pero la de Juan Pablo se gana un aplauso especial por dos razones, una general y una particular. La primera, porque sus numerosos trabajos permiten el conocimiento filatélico fácil a cualquiera que se interese en él y la segunda, porque me está permitiendo rearmar mi colección de estampillas ecuatorianas de forma ya no solo cronológica (BCE), sino también “vivencial”, si puedo llamarlo así, en el que cada emisión postal (o fiscal) busca acompañarse de su correspondiente nota explicativa por lo común disponible, como decía, en las plataformas mencionadas abriéndome otra interesantísima ventana para conocer más profundamente la historia del Ecuador a través, en este caso, de sus sellos postales y fiscales. 

Con esa información estoy no solo aprendiendo día a día sino también gozando del coleccionismo y, espero también, construyendo también un pequeño aporte: una sistematización un poco más completa y enriquecida de la historia postal y fiscal nacional desde sus inicios, pues ella está inevitablemente dispersa entre los varios artículos, sitios web y publicaciones a los que puede accederse en la red.

¡Felicidades por los 5 años de tu extraordinario blog Juan Pablo! Y muchas gracias nuevamente a ti, a Melvin, Georg, Paúl, Roberto, Diego, Teddy, Elvis, Pablo, y todos aquellos que hacen investigación filatélica! Su aporte al conocimiento de una parte esencial de la Historia nacional como son los sellos postales y fiscales (y situaciones que les son inherentes como navegación, aviación o hechos históricos) es imprescindible no solo para desarrollar esta afición, sino esencialmente, para conocer y entender mejor nuestro país.

Un fuerte abrazo,

Álvaro

LOS PASOS LEJANOS DE PLÁCIDO RAMÓN DE TORRES. LAS ANDANZAS DE UN FALSIFICADOR POR OTROS CONTINENTES (I)

Gerhard Lang-Valchs

Introducción

Hasta hace poco el litógrafo, comerciante filatélico y falsificador de sellos español Plácido Ramón de Torres (1847-1918) era tenido por una figura de segunda o tercera fila dentro del mundo de la falsificación. Esta valoración se basaba en la reducida cantidad de falsos atribuibles a él y en la falta de destreza que se le suponía a la hora de copiar los originales. Los descubrimientos de los últimos años nos obligan, sin embargo, a corregir esta visión y a colocar a Torres entre los más destacados falsificadores del siglo XIX.

Este artículo solamente puede dar unas pinceladas al respecto, ya que son muchos los detalles que llevaron a esta conclusión, demasiados para un artículo corto de una revista filatélica. Tanto el lector interesado como el experto crítico encontrarán a través de las referencias incluidas en este artículo, acceso a los resultados pormenorizados que avalan mi afirmación. Este artículo pretende explicar, a través del análisis de unos casos chocantes, llamativos y significativos, cómo se ha podido llegar a descubrir su extensa labor falsificadora y el alcance de sus actividades.

Las ilustraciones

El primer paso que reveló a qué se dedicaba Torres era el descubrimiento de su extensísima actividad como litógrafo e ilustrador.[1]  Empezó muy joven a trabajar para su mecenas, el florentino anticuario, editor y comerciante filatélico Elia Carlo Usigli (1812-1894), que había descubierto su talento y su pasión por los sellos.[2] Hacía ilustraciones de sellos postales, sobre todo de los recién emitidos, que Usigli logró colocar en las revistas de Jean-Baptiste Moens (Le Timbre Poste) y de Henry Stafford Smith (Stamp Collectors Magazine).[3] De ahí pasaron a otras revistas y los correspondientes catálogos, a los de Stanley Gibbons, Pierre Mahé, Charles Roussin, Alfred Moschkau y de otros tantos menos conocidos, llegando incluso a algunos catálogos americanos.[4] En los álbumes y catálogos de William Lincoln o Arthur Maury, encontramos sus ilustraciones a veces hasta bien entrado el siglo XX. El último gran catálogo de Moens, publicado en 1893, contiene nada menos que 5.517 de sus ilustraciones.[5]  



Los falsos “menores”

El segundo paso fue el descubrimiento de los “falsos menores” de Torres. Estos no eran solamente una especie de pruebas o sobras que le habían quedado tras la producción de las ilustraciones, sino mayormente “copias privadas” en color, a veces también en colores de fantasía, que primero su patrón y luego también Torres por su cuenta, comercializaban metiendo esos ejemplares en paquetes de sellos, convirtiéndolos así en falsos. En su propio Álbum de sellos..., publicado en 1879, encontramos 1.242 de ellos, en su mayoría publicados anteriormente por otros. Esta obra sirvió y podrá seguir sirviendo como “manual” para la detección de esa parte de sus falsificaciones.[6] 

Los llamo “falsos menores” porque se trata, en su mayoría, de valores pequeños de las series que se venían emitiendo a lo largo de los años, falsos, pues, de poco valor comercial. Esto es al mismo tiempo también la razón por la que se quedaron durante mucho tiempo sin documentar, si es que fueron descubiertos. Su poca importancia y su ínfimo valor comercial determinaron su condición de “falso paria”, así que simplemente se eliminaron sin que nadie les considerara dignos de ser presentados, descritos o documentados.



[1] Gerhard Lang-Valchs [GLV]: Los grabadores de Jean-Baptiste Moens, Eco Filatélico, sept. 2017, p. 30-32 (1ª parte); oct. 2017, p. 25-27 (2ª parte).

[2] Il conte Giulio Cesare Bonasi accusato di frode, Qui Filatelia, sept. 2016, p. 5-9.

[3] GLV: Early British Stamp Experts and Spanish forgeries, The London Philatelist, April 2017, vol. 126, 1444, p. 132-138.

[4] The Early Scott Catalogues and Their Illustrations. Discovering a Spanish Forger’s Footprints, Collectors Club Philatelist, nº 96, Nov.-Dec. 2017, p. 205-210. GLV: Die falschen Fuffziger des Dr. Moschkau. Das kommt mir Spanish vor, Deutsche Briefmarken Zeitung [DBZ] 2017, núm. 3, p. 20-23 (1ª parte); núm. 4, p. 26-27 (2ª parte).

[5] The Lincoln Stamp Album and Catalogue …, 8th edition, London 1892; Arthur Maury: Album illustré de timbres-poste, 1920. GLV: Moens, Torres y los primeros catálogos españoles, Eco Filatélico, abril 2018, p. 24-29.

[6] Nigel Gooding, GLV: The first modern stamp album – a handbook for detecting fakes and forgeries. The case of the Philippine stamps. Philippine Philatelic Journal, First Quarter 2019, p. 5-13 (1st part), Second Quarter 2019, p. 5-13.

DE QUITO HACIA EL NORTE: CENTENARIO DE LOS VUELOS DE GUICCIARDI A IBARRA Y TULCÁN

Ferruccio Guicciardi

Italo Bongiovanni

Por definición los héroes son personas que cumplen gestas memorables, pero no es un requisito obligatorio que tengan un buen ángel de la guarda. El problema es que los que no lo tienen son héroes solo una vez, entrando directamente en el álbum de los caídos, mientras que los que tienen un ángel de buena calidad pueden ser héroes muchas veces.

Ferruccio Guicciardi tenía un ángel triple A. Había salido de numerosos combates aéreos en la primera guerra mundial, sin que su avión reciba una sola bala y adquirió, haciendo el primer vuelo hacia Riobamba desde Cuenca, dinero, elogios y algo más, si es verdad que, cuado se despidió, dio las gracias con volantes a "las hermosas mujeres de Cuenca".

Luego de gozar del dinero, de los elogios y de algo más también en Quito, y cuando no se le ofreció trabajo en la recién nacida Escuela de Aviación, decidió aceptar la oferta de José Abel Castillo, dueño del Telégrafo I, para abrir rutas aéreas hacia Tulcán. Planificó el vuelo con su mecánico y le dio el encargo de revisar totalmente el avión y de adelantarse a los lugares donde debía aterrizar. El mecánico tenía un apellido que era toda una garantía, se llamaba Giovanni Fedeli (en castellano: fiel), y seguramente tenía más cariño por las máquinas voladoras que por sus pilotos, pues no de otra manera se explica que no se haya quedado con Elia Liut en Quito, y prefiriera seguir a su avioncito.

El 9 de febrero de 1921, Guicciardi despegó de Quito hacia su primera parada, Ibarra, y llevó en el avión el primer correo aéreo entre las dos ciudades: entre 60 y 90 piezas que no recibieron matasellos especiales, sino solo las fechas 8 y 9 de febrero.

El piloto debía enfrentar la la dificultad de no tener un trazo ferroviario que le indicara la ruta. El ferrocarril terminaba en Quito y el mapa que le indicaba el camino era muy aproximado, pero al fin pudo divisar el lago San Pablo, el inmenso Imbabura, Otavalo, Atuntaqui y, finalmente,  Ibarra. 

El vuelo tampoco fue fácil por los fuertes vientos contrarios que obligaron al piloto a subir hasta los 5.500 metros de altura y el aterrizaje acabó siendo más complejo de lo que se había imaginado. Un toro enfurecido empezó a correr por todo lado, mientras el avión tocaba tierra, y atacó a los espectadores; se cuenta de señoras desmayadas, otras caídas y no pocas a salvo, pero dentro de charcos de lodo. El piloto se quedó en la carlinga pidiendo a Dios que el toro no destruya el avión; el ángel triple A hizo que sus ruegos fueran escuchados y el aparato no sufrió ningún daño.

Los protagonistas de los primeros viajes de correo aéreo
en el Ecuador, retratados en la portada de la revista Caricatura.
De izquierda a derecha, el mecánico Giovanni Fedeli
y los pilotos Elia Liut y Ferruccio Guicciardi

El 11 de febrero, ante la insistencia de las autoridades de Otavalo (siempre se ofrecían premios en dinero), Guicciardi decidió volar hasta esa ciudad. Luego de quince minutos de vuelo al amanecer, con fuerte viento contrario y lluvia intensa, el piloto pudo aterrizar son problemas y escuchar los discursos de las autoridades de Otavalo en el Club Progreso. Los diarios de la época, siempre muy precisos en detalles, no dicen si se transportó valija de correo, ni a nivel filatélico se encuentran cartas que hayan volado en este viaje; probablemente no se transportó nada, debido a que el breve viaje se había organizado de un momento para otro. Al día siguiente Guicciardi regresó a Ibarra, para participar en las fiestas en su honor, recibir más medallas y más dinero y descansar unos días.

El vuelo a Tulcán se fijó para el 16 de febrero. A las 10 de la mañana, recibido un ramo de rosas y la valija de correo, con 70 piezas, Guicciardi despegó acompañado por su ángel triple A.

Ahora sobrevolaba Los Andes con dirección a Tulcán. Estas montañas eran diferentes a Los Alpes, con grandes vientos impetuosos que sacudían el avión y con tanto frío y recordó con una sonrisa su llegada a Riobamba, totalmente congelado. Al amanecer, media hora antes, le habían entregado la valija de correos con los sobre debidamente obliterados con la fecha: 16 de febrero de 1921, y pensaba entregarla tras solo media hora de vuelo, si el tiempo se mantenía bueno. El cielo azul, solo un poco de viento de través, una morada al altímetro, otro a la brújula y ... sus cinco sentidos se pusieron alerta, algo pasaba: el motor "tosía". Dejó pasar un minuto, la tos no se repitió y el motor siguió girando regularmente.

- Un poco se suciedad en la gasolina - pensó mientras miraba hacia abajo -. No sería la primera vez.

Faltaba poco, estaba casi en San Gabriel cuando el motor volvió a "toser" una y otra vez. Ferruccio era un piloto experimentado, empezó a dar vueltas rasantes para identificar un lugar idóneo para el aterrizaje y se decidió por un potrero que, luego se supo, pertenecía a la hacienda "El Vínculo"; aterrizó con un pequeño brinco, se paró y el motor se apagó solito.

- Muy extraño -pensó-. El magneto no hace así.

Se bajó para abrir la capota del avión y descubrió, en pocos minutos, que la cause de la avería era la más absurda que le puede pasar a un piloto: estaba sin gasolina; solo su pericia y su experiencia le habían salvado la vida.

Para entonces habían llegado junto al piloto un campesino acompañado de su perro, que se quedaron a una cierta distancia del avión; el perro ladraba desesperadamente y el hombre reflejaba su miedo en los ojos: nunca había visto un avión ni tampoco lo había imaginado y Guicciardi, que medía un metro y noventa, parecía de otro mundo envuelto en su traje de aviador. La pregunta también fue de otro mundo:

- Señor, ¿tiene gasolina?

El Telégrafo I


Guicciardi contó después que necesitó mucho tiempo para convencer al campesino que corriera a comprar gasolina. Por suerte, en aquel tiempo ya algunos coches circulaban por el sector y, en la cercana San Gabriel, el campesino logró conseguir el combustible y regresó enseguida, acompañado por una muchedumbre ruidosa. Con el tanque lleno, Guicciardi hizo girar la hélice, tomó los comandos, se despidió del campesino y de la gente y se elevó de nuevo rumbo a Tulcán.

La historia no nos dice quién pagó la cuenta de la gasolina.

Con el raid Quito-Tulcán terminó el contrato firmado con José Abel Castillo, propietario del avión, Sin embargo, Guicciardi recibió noticias de que Pasto y Cali, en Colombia, ofrecían premios al primer piloto que aterrizara en esas ciudades, así que el piloto decidió lanzarse a título personal a una nueva aventura.

Pero esa es otra historia y la contaremos en su momento.

ECUADOR: UNA VARIEDAD EN EL POSTAL ADICIONAL DE 1939

Juan Pablo Aguilar Andrade
actualidadfilatelica@gmail.com

A fines de 1939 se volvió insuficiente la cantidad de sellos existentes para el pago de la sobretasa "Postal Adicional" y, como se hacía comúnmente en esos casos, se recurrió al resello de especies fiscales sobrantes, hasta que fuera posible contar con estampillas definitivas. Surgió así el resello "POSTAL ADICIONAL / CINCO CENTAVOS", en dos líneas horizontales, color negro, sobre el timbre de un centavo rosa, emitido originalmente para pagar el impuesto al tabaco manufacturado destinado a financiar la construcción del ferrocarril de Puerto Bolívar.

En general los catálogos dan 1939 como el año de emisión de este sello; es el caso de los catálogos de la Asociación Filatélica Ecuatoriana (No. 453), Cataldi (No. 459), Scott (No. RA44) y Stanley Gibbons (No. 623). Sin embargo, catálogos como Yvert (No. 386) y Michel (No. 43) indican que la estampilla se emitió en 1940, fecha que aparece también, en el Ecuador, en el catálogo Bertossa (No. S.51) y en el álbum del Banco Central (No. 780). En este último caso, sin duda la fecha asignada se explica porque el álbum incluye, como Decreto que autoriza la emisión, el 62bis, publicado en el Registro Oficial 472, de 26 de junio de 1940.

Esto último es un error, pues el Decreto indicado no se refiere al resello sobre el timbre para el impuesto al tabaco manufacturado sino, como en él consta claramente, a la estampilla definitiva, impresa por Thomas de la Rue y que está ilustraba con un campesino arando un campo (Nos. 783 en el álbum del Banco Central y RA48 en el catálogo Scott).


La orden para resellar el timbre para el impuesto al tabaco manufacturado o, más bien, las órdenes para hacerlo, fueron anteriores. En realidad, hubo tres distintas impresiones del resello, ordenadas respectivamente el 21 de noviembre de 1939, el 24 de enero y el 9 de junio de 1940 (registros oficiales 306/307, 350 y 468/469, de 8 y 9 de diciembre de 1939, 31 de enero y 21 y 22 de junio de 1940, respectivamente). El resello postal adicional al que hago referencia, entonces, debió haberse emitido a fines de noviembre o en diciembre de 1939.

La tirada de 3'000.000 de sellos que dan Cataldi y Bertossa es incorrecta. Se hicieron, en total, 4'000.000 de estampillas, como ya se dijo, en tres impresiones distintas, la primera de 1'000.000, la segunda de 2'000.000 y la tercera de 1'000.000.

¿Existen diferencias entre estas tres impresiones?

He identificado, por el momento, la existencia de dos variedades, distinguibles por el espacio que separa la primera línea del resello, de la segunda. Mientras hay sellos con una separación de 2,9 mm., en otros el espacio entre ambas líneas es de 3,1 mm., como puede verse en la imagen que acompaña esta nota.

Habrá todavía que revisar el material para establecer fechas y determinar si la variedad es adjudicable a alguna de las impresiones indicadas.

En todo caso, quedan hechas algunas precisiones sobre este sello.

DOCUMENTO: LA TARIFA DE CORREOS DE GUAYAQUIL (1828)

En 1827 se establecieron las tarifas para el servicio postal en la República de Colombia que, en el caso del actual Ecuador, estuvieron vigentes hasta que se estableció el nuevo Estado, en 1830. La tarifa se fijó de acuerdo a la distancia y al peso. En relación con la primera, se fijaron 5 niveles: hasta 25 leguas, de 26 a 50 leguas, de 51 a 150 leguas, de 150 a 300 leguas y de 301 a 400 leguas. Los rangos de peso eran 4: cartas sencillas hasta 1/4 onza, dobles hasta 1/2 onza, triples hasta 3/4 de onza y pliegos hasta 1 onza. El cuadro era el siguiente:


El 5 de marzo de 1828, el Administrador de Correos de Guayaquil, Francisco de Paula Lavayen (1785-1858), cumplió con elaborar el cuadro de las tarifas que debían cobrarse en Guayaquil por la correspondencia dirigida a los diversos lugares de la República, en consideración a la distancia.

La tarifa de correos para Guayaquil (1828) y Francisco de Paula Lavayen, Administrador de Correos
en 1828, en el sello postal de la serie conmemorativa del centenario de la independencia de Guayaquil

El cuadro se publicó el 26 de abril de 1828, en el suplemento del número 28 de El Colombiano del Guayas. 

Nos ha parecido conveniente publicar el documento completo, al que podrán acceder pulsando AQUÍ.

UN EDIFICIO ENVIADO POR CORREO

Vernal es una ciudad norteamericana, ubicada en el estado de Utah, a más de doscientos  kilómetros de Salt Lake City, que en la actualidad tiene cerca de ocho mil habitantes y un banco con una historia curiosa. 

William Horace Coltharp era uno de los directores del Banco de Vernal y decidió construir, para que en él funcionara la institución, el primer edificio de ladrillo de la ciudad. Había, sin embargo, un problema: la fábrica de ladrillos más cercana estaba en Salt Lake City, lo que elevaría considerablemente el costo de la construcción.

Una carreta para el transporte de paquetes postales del servicio postal norteamericano (1914)


Había, sin embargo, una vía para abaratar el costo del transporte. Era 1916 y tres años antes el servicio postal norteamericano había establecido el servicio de paquetes postales, con un peso inicial de hasta 11 libras, que en agosto de 1913 se elevó a 20 libras y llegó a 50 en 1914.

Coltharp calculó que la utilización del servicio de paquetes postales implicaba, conforme las tarifas vigentes, un costo de 7 centavos por el envío de cada ladrillo, lo que era significativamente inferior a los 15 centavos por ladrillo que demandaba contratar una empresa de transporte de carga. Siendo alrededor de ochenta mil los ladrillos requeridos para el edificio, recurrir al Correo implicaba un ahorro superior a los seis mil dólares.

El Zions Bank, en Vernal (Utah)

Así que los ochenta mil ladrillos se empacaron en cajas de menos de cincuenta libras de peso y fueron los carteros los encargados de llevarlos hasta el lugar de la construcción. La experiencia motivó reclamos de los servidores postales y, como consecuencia, la modificación de las reglas de envío de paquetes postales, estableciendo límites para diarios para el número de envíos realizados por una misma persona.

El Banco de Vernal ya no funciona en el edificio. El Zions Bank adquirió este último en 1974 y heredó el nombre con el que se le había conocido a su antecesor: Parcel Post Bank o, en castellano, Banco Paquete Postal.