domingo, 19 de marzo de 2017

REGARDING COLONIAL POSTMARKS ON REVENUE STAMPED PAPER

Georg Maier

We thank all those who contributed to providing an explanation, in particular Manuel Arango, who we believe has the best explanation for their application. While we entirely agree with him that the documents in question went through the mail we are still wondering why the stamp appears inside the document and not in the beginning where it should be. And this still remains an open question.

Needless to say we are dealing here with Revenue Stamped Paper and not sealed paper as wrongfully suggested. We also want to make clear that during the colonial period a large part of the Province of Popayan was administeres by the Audience of Quito which also included the Provinces of Quito and Guayaquil, something modern day Colombians do not like to admit. The term Ecuador did not appear until the republican period.

We, now, would like to advance another possibility for the application of a postmark inside a document.

Police Eye, Ambato, January 12, 1861


During the republican period, between 1830-1865, there existed a stamped mark called police eye in public correspondence. Although the police eye was wrongly advertised and sold by unscrupolous dealers as postmarks they were not. The police eye was stamped inside a piece of correspondence usually going from one police station to another indicating that the subject matter in question was reserved only for the eyes of the destinatary. One much letter was typycally mailed free of charge with the anotation civiles on the outside to denote its public nature and stamped by a police eye on the inside. These police eyes were of different size and color depending on its origin. Police eyes are rarely see on the front of a cover.

Your comments on the subject.

ECUADOR: LAS PRIMERAS TARJETAS ENTERO POSTALES DE LA AMERICAN BANK NOTE COMPANY (1885)

Juan Pablo Aguilar Andrade

Las primeras tarjetas entero postales circularon en el Ecuador a partir de febrero de 1884, y su uso fue oficializado al promulgarse el Reglamento del Servicio Postal Interno en junio de ese año. Inicialmente se hicieron dos emisiones, una en la Imprenta de La Novedad y otra en la de V. Montoya, ambas compuestas por dos tarjetas, una de dos y otra de tres centavos.

Que había suficiente existencia de estas especies lo prueba el hecho de que siguieron usándose hasta inicios de los años noventa. No es claro, por eso, por qué el gobierno ecuatoriano encargó nuevas tarjetas de dos y tres centavos a la American Bank Note Company; ¿tal vez para que el diseño de las mismas estuviera de acuerdo con las regulaciones de la Unión Postal Universal?

Las tarjetas de 2 y 3 centavos de la tercera emisión ecuatoriana, impresas por la American Bank Note Company

Las tarjetas de esta tercera emisión ecuatoriana fueron una de dos centavos, en cartulina blanca, y otra de tres, en cartulina rosada; conforme las tarifas entonces vigentes, la primera debía usarse para el correo doméstico y la segunda para el internacional.

Como indica Georg Maier (Los Enteros Postales del Ecuador 1884-1957, Quito, 2014, p. 13), "ninguna de las tarjetas muestra características especiales, salvo una pequeña diferencia en el marco del diseño, que puede variar de 128 milímetros a 128,8 milímetros de ancho en los dos tipos. Donde sí existe una diferencia pronunciada es en el grosor del cartón, que varía entre 0,32 y 0,39 milímetros". Esto, sin embargo, según el mismo autor, no autoriza a hablar de diferentes tirajes.

No se ha encontrado ni una orden oficial de emisión ni el contrato de impresión, por lo que no sabemos ni las fechas exactas de circulación, ni el número de piezas emitidas.

Texto del anuncio publicado en El Comercio, de Quito, el 12 de febrero de 1886
La primera referencia contemporánea a la existencia de las tarjetas de la American Bank apareció en la publicación francesa Le Timbre Posté, en el número de diciembre de 1885, donde se informa que entraron en circulación en octubre de ese año. También en diciembre, la existencia de las nuevas tarjetas fue dada a conocer en las páginas de The Philatelic Record.

El 12 de febrero de 1886, el diario El Comercio de Quito, anunció que las nuevas tarjetas postales llegadas desde los Estados Unidos se encuentran a la venta en el almacén de Rafael E. Dávila.

Las tarjetas de la American Bank tuvieron poco uso en sus primeros años, pues siguió recurriéndose a las de las dos primeras emisiones. Son bastante escasos los ejemplares fechados en el período inicial, volviéndose frecuentes las tarjetas a partir de 1889.

Es necesario establecer con claridad los usos más tempranos y los más antiguos de estas tarjetas. Solicitamos, para ello, el apoyo de nuestros lectores.

ECUADOR: EL REGLAMENTO DEL SERVICIO POSTAL INTERNO DE 1884

Después de la gran reforma postal de 1865, que introdujo en el Ecuador el uso de la estampilla de correos y cubrió de oficinas postales el territorio de la República, el siguiente paso fundamental en la historia postal ecuatoriana fue la incorporación del país a la Unión Postal Universal, en 1880.

Para que el servicio postal se preste conforme los lineamientos de la organización internacional, era preciso adaptar las regulaciones internas hasta entonces vigentes, fundamentalmente en materia de tarifas; esto se hizo, al menos en lo que resultaba urgente, con algunos decretos del entonces presidente de la República, general Ignacio de Veintemilla. Sin embargo, la proclamación de este último como Jefe Supremo, la revuelta nacional que siguió al hecho y la guerra civil por medio de la cual se resolvió el diferendo, impidieron que se hiciera nada más en relación con la modernización de los correos ecuatorianos.

José María Plácido Caamaño, presidente del Ecuador entre 1884 y 1888
y la portada del Reglamento del Servicios Postal Interno, dictado por él en 1884

Hubo que esperar al nuevo gobierno, presidido por José María Plácido Caamaño, para que se produjera la segunda reforma postal. Ésta se basó en el Reglamento del Servicio Postal Interno, que el Presidente promulgó en 1884, y que fue el primer cuerpo normativo que, en la historia ecuatoriana, reguló de manera general el servicio de correos; hasta entonces, solo habían existido reglamentos sobre aspectos puntuales y, en mucho, se seguía actuando conforme la costumbre heredada de la administración española.

El Reglamento contiene información de gran importancia para nuestra historia postal: sus artículos regulan la operación del servicio, determinan las particularidades del mismo, fijan las nuevas tarifas postales e introducen definitivamente el uso de las tarjetas entero postales. 

Gracias al proceso de digitalización de su repositorio, que ha emprendido la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, podemos ofrecer a nuestros lectores el texto completo del Reglamento de 1884, que a partir de hoy incorporamos permanentemente e nuestra biblioteca.

Puede acceder al documento pulsando aquí.

ESTAMPILLAS USADAS

Desde abril de 1926 se publicó en Quito la revista Hélice, dirigida por el pintor Camilo Egas y el escritor Raúl Andrade. En la página 7 del tercer número, correspondiente al 23 de mayo de 1923, se publicó sin firma el artículo que aquí reproducimos y que tanto dice sobre la afición de reunir sellos de correo. Hemos respetado la ortografía original.


El álbum de estampillas usadas, es un museo de emoción internacional. Cada sello de correo arrastra consigo girones de paisajes remotos, fríos de estepas rusas y calores de desierto africano, pedazos de mar y de neblinas nórdicas, olores a muelle tropical y a carne levantina, temblor de cuchilladas en las tabernas chinas, pena cosmopolita de trasatlántico holandés, hosca desesperanza de los soldados coloniales, consumidos por las fiebres palúdicas y los vicios occidentales, dolor de la vida errante, angustia de las emigraciones, oscuridad de los agentes de comercio que viajan en tercera.

El hombre silencioso que ama la vida familiar, los potajes caseros, el ruido de la chiquillería juguetona, el gorro de dormir, la butaca forrada de peluche verdoso y las pantuflas abrigadas, cuelga de los barrotes del balcón, un anuncio modesto.


En realidad compra emociones. Las estampillas anuladas, por el membrete de las oficinas de correo, le traen una inquietud de ir y venir que no ha de saborear jamás.

Las estampillas sudanesas, llenas de signos árabes y en cuyo centro corretea un camello, le evocan páginas enteras de Pierre Loti. Las egipcias, con tres pirámides en azul, le hacen pensar en los touristas británicos de casco de corcho blanco y máquinas de fotografía terciadas, que agotaron todas la colecciones y un número crecido de botellas de whisky ...

El álbum de estampillas es su libro de horas. En él saborea los más acres deleites. Las riñas de los marinos borrachos. Las agonías de los grumetes que murieron a bordo, víctimas de enfermedades de puerto asiático. Las juegas tristes de los capitanes de navíos negreros. La embriaguez negra del opio que hace tambaleas a los oficiales de marina y desnudarse a las mujeres blancas. Los ronquidos del banjo, la lujuria de las danzas de negros y las decoraciones tropicales. La sed de los legionarios heridos, bajo cuyo nombre supuesto, se ocultaron crímenes, quiebras fraudulentas y apellidos ilustres que se mezclaron en los "procesos célebres". Las chimineas de Marsella, las calles fangosas de Yokohama, las ruletas de Macao y las bailarinas judías.

La estampilla, con su aire de visto bueno oficial, puesto en el dorso de las amarguras que viajan, es una crónica completa de Gómez Carrillo. Alineadas, rígidas y uniformes, sobre las hojas de los álbumes, semejan epitafios de mil vidas desconocidas y parecen soñar en el viaje único que hicieron al fondo de una bodega trasatlántica, con destino a la Babel-necrópolis del álbum de un coleccionista ...

NUEVO CATÁLOGO DE SELLOS CLÁSICOS DE SAN PREDRO Y MIQUELÓN

La portada del catálogo de Tillard y una de sus páginas
El prolífico y multipremiado Jean-Jacques Tillard nos ofrece un nuevo trabajo sobre las estampillas de San Pedro y Miquelón.

Se trata de un libro que, en 128 páginas a color, cataloga las emisiones clásicas del archipiélago francés, aparecidas entre 1885 y 1908.

La obra, sin duda un texto fundamental para los interesados en la filatelia de los territorios franceses de ultramar, estudia uno por uno los sellos clásicos de San Pedro y Miquelón, dedicando una página a cada uno de ellos. 

El libro tiene un precio de 35 euros y lo pueden obtener contactándose con el autor, al correo texspm@cheznoo.net.

Pueden obtener más información sobre ésta y otras obras de Jean-Jacques Tillard, en la página Filatelia de San Pedro y Miquelón.


UN REPERTORIO DE FALSIFICACIONES EN LA RED

El sello falsificado es, sin duda, el peor enemigo del filatelista. No pocas aficiones se han perdido cuando un entusiasta descubre que esas estampillas que tanto le costaron conseguir, que veía como piezas clave de su colección, no pasaban de ser simples falsificaciones.

Aprender a distinguir lo falso de lo auténtico es, por eso, fundamental. Claro que en determinados casos habrá que recurrir a la mirada del experto e, incluso, a instrumental especializado; pero todo filatelista debe desarrollar la capacidad de, al menos, identificar aquello que puede hacer dudar sobre la autenticidad de una pieza.


Por eso, nos permitimos recomendar una página webe que reúne un valioso repertorio de piezas falsificadas de diferentes países, con imágenes y datos que permiten distinguir entre el sello falso y el auténtico.

A partir de hoy habrá un acceso permanente a esa página en la columna derecha de este blog. Lo interesados pueden acceder pulsando aquí.

LAS MONEDAS Y SUS ELEMENTOS

Presentamos, en esta nota, un interesante video producido por el Museo de la Casa de la Moneda, de Madrid, que sin duda interesará a los aficionados a la numismática y, particularmente, a los que quieren iniciarse en este apasionante campo del coleccionismo.

Se trata de un trabajo de cerca de cinco minutos, que permite conocer las monedas, sus elementos y particularidades. Pueden verlo pulsando la siguiente imagen.