domingo, 14 de enero de 2018

¿HAY SERVICIO DE CORREOS EN EL ECUADOR?

Paquetes postales abandonados a la intemperie; probablemente nunca llegarán
a manos de los destinatarios (de la cuenta twitter de Carlos Vera)
Oficinas que se cierran y correspondencia que nunca llegan han hecho que Correos del Ecuador pueda ser calificado, en el último año, como uno de los peores servicios públicos de nuestro país.

Hace casi un año advertimos ya sobre las prolongadas demoras en la entrega de cartas y paquetes, cuando éstos no se perdían definitivamente; en esos días, milagrosamente, algo se hizo y una gran cantidad de correspondencia retenida por meses, inundó de pronto nuestros buzones. Pero no tardamos en volver a lo de antes.

En mi caso, y en el de mis colegas filatelistas, usuarios cotidianos del Correo ecuatoriano, son ya varias las semanas que han pasado sin recibir una sola carta, pese a que sabemos que se nos ha enviado una buena cantidad de ellas desde agosto, septiembre u octubre. 

Señores de Correos del Ecuador, ¿dónde está nuestra correspondencia?

Esta semana, el periodista Carlos Vera difundió en su cuenta de twitter un video que muestra una cantidad impresionante de paquetes postales abandonados al aire libre. ¿Carece el Correo ecuatoriano del personal y la infraestructura para cumplir con su misión esencial, recibir, clasificar y entregar correspondencia?

En nuestra nota anterior preguntábamos por el paradero de las cartas que no se entregan. ¿Acaso todas se pudren abandonadas en patios como el del video?

En muchos casos, los paquetes abandonados y nunca entregados contienen bienes por los que los usuarios de correos pagaron un valor por el que seguramente nuestra empresa postal no piensa responder. Cuando se trata de los filatelistas, hay un daño agregado: las cartas contienen material filatélico que, en no pocas ocasiones, incluye piezas importantes de la historia postal ecuatoriana, parte de nuestro patrimonio cultural que pretendemos repatriar pero que no sabemos dónde termina.

Es hora ya de dar una solución a este problema y, si son incapaces de hacerlo, tal vez lo mejor sería cerrar la empresa postal y confirmar lo que todos sospechamos, que el Ecuador no tiene un servicio de correos.

LA V EXPOSICIÓN DEL PACÍFICO SUR SERÁ EN OCTUBRE, EN CHILE

Manuel Varela, izquierda, Presidente de la Federación de Sociedades
Filatélicas de chile, y Hienz Junge, Comisionado General de EXFIL 2018
V Exposición Filatélica del Pacífico Sur
XFIL 2018 será la V Exposición Filatélica del Pacífico Sur y se realizará en Santiago de Chile, entre el 9 y el 13 de octubre de 2018. La Federación de Sociedades Filatélica de Chile, que organiza el certamen, cursó esta semana la invitación correspondiente a todos los países del área de la Federación Interamericana de Filatelia, que auspicia la Exposición, y a un invitado especial: Australia.

En la invitación, suscrita por Heinz Junge Wenzel, Comisionado General de la Exposición, y Manuel Varela Aguirre, Presidente de la Federación de Sociedades Filatélicas de Chile, se pide la nominación de los respectivos comisionados nacionales hasta el día 5 de marzo y se informa que la Exposición servirá para rendir homenaje al bicentenario de la declaración de independencia de Chile.

Seguros estamos que la gran mayoría de países miembros de la FIAF se reunirán en octubre en Santiago de Chile, para hacer de ésta una exposición continental digna de recordarse.

Como parte de la Exposición se realizará, el viernes 12 de octubre, la LII Asamblea de la Federación Interamericana de Filatelia, en la que se designarán nuevos Presidente, Secretario, Tesorero y Tercer Consejero.

EXFIL 2018 será retoma la iniciativa de las exposiciones del Pacífico Sur, que arrancaron en Quito en 2012 y se han realizado en Bogotá (2013), Santiago (2014) y Quito (2015); pensado inicialmente como un certamen para Colombia, Ecuador, Perú y Chile, la exposición alcanzó rango continental a partir de la edición de 2014.

Seguros estamos del éxito de la exposición de Santiago y animamos a todos los países invitados a designar, cuanto antes, a los respectivos comisionados nacionales.

PRIMER CORREO AÉREO INTERNACIONAL DEL ECUADOR: UN MATASELLOS OFICIAL

El sello del Correo ecuatoriano aplicado a la correspondencia
despachada en el vuelo de la SCADTA, el 16 de junio de 1928

El 12 de junio de 1928, el hidroavión Atlántico 29 de la Sociedad colombo Alemana de Transportes Aéreos (SCADTA), arribó a Guayaquil llevando como pasajero al representante y apoderado de la empresa, Hermann Kuehl, quien venía con la intención de negociar un contrato con el gobierno ecuatoriano, para el establecimiento del servicio de transporte aéreo.

Mientras el señor Kuehl viajaba a Quito para cumplir su propósito, y a fin de demostrar las ventajas del servicio aéreo, la SCADTA se ofreció a transportar correo en el viaje de regreso a Colombia, previsto para el 16 de junio.

La correspondencia que se llevó en ese vuelo fue franqueada con estampillas ecuatorianas, pagando la tarifa de diez centavos por cada 20 gramos de peso o fracción. Las estampillas fueron canceladas con un matasellos rectangular, con la leyenda "PRIMER CORREO AEREO / INTERNACIONAL / DEL ECUADOR / JUNIO 16 de 1928". Se colocó, también, un sello rectangular con la inscripción "PRIMER CORREO AEREO / INTERNACIONAL / ECUADOR - COLOMBIA".


Se ha dicho que estas marcas no tenían carácter oficial, pues no habrían sido aprobadas por el correo ecuatoriano y se las habría puesto únicamente por iniciativa de la compañía aérea o de filatelistas interesados en que quedara constancia del vuelo en los sobres transportados.

Hemos encontrado una carta del Director General de Correos del Ecuador, señor Luis Fernando Ruiz, fechada el 15 de junio de 1928 y publicada en diario El Comercio, de Quito, al día siguiente, que despeja las dudas acerca de este tema y permite establecer que la primera de las marcas indicadas fue oficial y autorizada por el Correo ecuatoriano.

Carta despachada en el vuelo de la SCADTA del 16 de junio de 1928. Cancelando la estampilla, el sello oficial del Correo ecuatoriano y
en la esquina inferior izquierda, el sello de la SCADTA. La marca "OFL. CORREO AEREO, en la parte superior izquierda es un sello
aplicado a la correspondencia oficial entre oficinas de la SCADTA

Se copia a continuación la referida carta.

Quito, a 15 de junio de 1928.

Señor Ministro de Correos.- Presente.

Tuve el propósito de gestionar lo conveniente para, aprovechando el viaje de regreso del avión C.29 de la Compañía de Transportes Aéreos Colombo-Alemana, expedir el primer correo aéreo internacional, enviando correspondencia desde Quito franqueada con estampillas que tuviesen una leyenda adecuada, a fin de que quede constancia del acontecimiento; mas no ha sido posible realizar tal idea, en lo que respecta a esta Capital, por cuanto fui informado de que el avión saldrá mañana a las 10 a.m; pero al menos, di instrucciones al señor Administrador de Correos de Guayaquil para que, previo anuncio al público, prepare valijas de comunicaciones destinadas a Barranquilla y Buenaventura y las despache aplicando a las piezas un sello especial que exprese: "PRIMER CORREO AEREO INTERNACIONAL DEL ECUADOR.- Junio 16: 1928.

El Atlántico 29, el hidroavión que realizó el primer transporte de correspondencia internacional desde el Ecuador

El señor Administrador, en telegrama de hoy, me dice, acerca del particular, lo siguiente:

"Ayer anuncié pizarras y hoy diarios despacho valija aérea Barranquilla y Buenaventura. Aplicaré sello especial mandado hacer conforme sus indicaciones. Refiérome suyo ayer. Administrador Correos".

Lo que tengo el honor de comunicar a usted para su conocimiento y aprobación, si encontrare acertado mi procedimiento.

Honor y Patria.

(f) Luis Fernando Ruiz

Queda claro, entonces, que el sello con la fecha del vuelo fue un sello ordenado por Correos del Ecuador, mientras que el que se refiere al servicio Ecuador-Colombia fue, seguramente, aplicado por  propia iniciativa de la SCADTA, tal como afirmó en su momento Justo P. Campaña, en su Catálogo Histórico Descriptivo de los Correos Aéreos del Ecuador.

REGIÓN ORIENTAL: UNA SOBRETASA TELEGRÁFICA

Existen, en el Ecuador, algunos sellos patrióticos y fiscales, resellados con la inscripción "Telégrafos - Región Oriental" y el bienio correspondiente. Son conocidos, también, los sellos telegráficos amarillo y azul, de uno y dos centavos respectivamente, que en 1924 se resellaron para que sirvieran como sobretasa postal "Casa de Correos". Pero: ¿qué son estos sellos telegráficos? ¿Por qué la inscripción "Región Oriental"?

Se trata de una sobretasa telegráfica, esto es, de un valor adicional que, en calidad de impuesto, debía sumarse a la tarifa telegráfica, para destinar lo recaudado a un fin específico.

El 12 de noviembre de 1919 (Registro Oficial 942 del 13 de noviembre de 1919), el Congreso Nacional estableció que, a partir del 1 de enero del año siguiente, se agregue un centavo adicional por palabra a la tarifa telegráfica, para que el producto se emplee en la construcción de caminos para el oriente y en el establecimiento de colonias militares (cincuenta por ciento para cada una de estas dos finalidades).

Inicialmente se utilizaron estampillas provisionales, para lo cual se resellaron un timbre patriótico y timbres fiscales de varios bienios. Luego se contó con los timbres definitivos, el amarillo y el azul.

LA HISTORIA DEL MUNDIAL CONTADA CON ESTAMPILLAS (II). EL PRIMER CAMPEONATO MUNDIAL

Juan Pablo Aguilar Andrade
actualidadfilatelica@gmail.com


Estampilla conmemorativa de la primer Copa del
Mundo, emitida por Uruguay en 1984. Las fechas
que constan al pie del afiche son las mismas que
estuvieron en el original, aunque el campeonato,
en realidad, se realizó entre el 13
y el 30 de julio de 1930
El 13 de junio de 1928, Uruguay se impuso a la Argentina por dos goles a uno y obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Amsterdam; pocos días antes, el 26 de mayo, se había decidido en esa misma ciudad el futuro de las competencias futbolísticas por selecciones.

Las Olimpiadas de 1932 debían realizarse en Los Ángeles, pero el fútbol no había sido incluido en la lista preliminar de deportes aceptados para las mismas. La disputa entre la FIFA y el Comité Olímpico dio como resultado la decisión de la primera de organizar, fuera de los Juegos Olímpicos, un campeonato mundial de fútbol en el que se admitiría la presencia de jugadores profesionales.

Para la elección de la sede presentaron su candidatura Uruguay, y cinco países europeos (España, Holanda, Hungría, Italia y Suecia), El presidente de la FIFA, Jules Rimet (1873-1956), prefería al país sudamericano, doble campeón olímpico, dispuesto a construir un estadio para la competencia y a pagar los gastos de las delegaciones participantes. La candidatura de Italia fue apoyada por los otros países europeos, que retiraron la suya, pero eso no fue suficiente para vencer a la uruguaya; Italia se retiró y Uruguay fue elegido unánimemente como sede de la primera Copa del Mundo por el Congreso de la FIFA, reunido en Barcelona en 1929.

Fue este el único campeonato mundial en el que las selecciones participaron por invitación y no luego de una etapa eliminatoria. la molestia que entre los europeos había producido la elección de la sede se puso de manifiesto con la no aceptación de las invitaciones. Luego de la presión ejercida por Jules Rimet y por el vicepresidente de la FIFA, Rudolf Seedrayers, se consiguió la participación de Bélgica, Francia, Rumania y Yugoslavia. En el caso de Rumania, el propio rey Carol II atendió el pedido de Rimet y formó una selección, tras elegir personalmente a los jugadores de una empresa petrolera rumana.

Junto con las selecciones de los cuatro países europeos, asistieron a la competencia nueva de América: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay, Perú y Uruguay.

El 5 de julio de 1930, Jules Rimet entregó a Raúl Jude, presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, el trofeo para el campeón, diseñado por el escultor francés Abel Lafleur y llamado inicialmente Diosa de la Victoria. el 13 de julio, Francia y México, y Estados Unidos y Bélgica, jugaron a la misma hora, las tres de la tarde en Montevideo, los dos primeros partidos.

A la izquierda, Raúl Jude (derecha), recibe de Jules Rimet el trofeo que se entregaría al equipo ganador de la primera Copa del Mundo.
A la derecha, Uruguay, primer campeón; en cuclillas, de izquierda a derecha, Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte;
de pie, Gestido, Nasazzi (capitán), Ballesteros, Mascheroni, Andrade y Fernández

Uruguay, que celebraba en 1930 el centenario de su independencia, construyó en tiempo récord (ocho meses) un estadio para que en él se disputara el torneo. Lamentablemente, el mal tiempo impidió que el Centenario, diseñado por Juan Scasso, estuviera listo para el día de la inauguración, así que los primeros partidos se realizaron en los estadios Gran Parque Central, del club Nacional, y Pocitos, de Peñarol.

El campeonato arrancó con una fase en la que los equipos se dividieron en cuatro grupos (uno con cuatro equipos y los demás con tres); siguieron luego las semifinales, a las que accedieron Argentina, Estados Unidos, Uruguay y Yugoslavia y el 30 de julio se jugó en el estadio Centenario la final entre Uruguay y Argentina.

Tres matasellos promocionales del mundial de Uruguay
93.000 espectadores asistieron al partido. El ambiente era tan tenso, que el árbitro belga John Langenus aceptó actuar con la condición de que un barco estuviera listo, esperándole en el puerto. Las fuentes concuerdan en que ambos equipos llevaron sus propios balones y querían jugar con ellos; unos dicen que al final se jugó con la pelota argentina y otros sostienen que se lo hizo solo durante el primer tiempo, porque en el segundo se utilizó la uruguaya.

Uruguay, luego de un primer tiempo en el que terminó perdiendo por dos a uno, se impuso con el marcador final de cuatro a dos, con goles de Dorado, Cea, Iriarte y Castro; para Argentina anotaron Peucelle y Stábile, este último goleador del primer torneo mundial, en el que anotó un total de ocho goles.

Este fue el único campeonato en el que no se disputó un partido por el tercer lugar, por lo que a lo largo del tiempo se han tejido diversas versiones acerca de si ese puesto corresponde a Estados Unidos o a Yugoslavia; incluso se ha llegado a decir que existe una medalla de bronce que está en poder de los yugoslavos, pero hasta la fecha no se ha comprobado su autenticidad. Desde 1986, Estados Unidos ocupa, en las estadísticas de la FIFA, el tercer puesto en el campeonato uruguayo.

A diferencia de los triunfos olímpicos de 1924 y 1928, que se conmemoraron con sendas emisiones postales, el campeonato mundial de Uruguay no fue motivo para ninguna. Ni los uruguayos,  ni ninguno de los países participantes, pusieron en circulación estampillas relacionadas con la primera Copa del Mundo.

El país anfitrión utilizó, eso sí, matasellos promocionales con diversas leyendas.

Más de cincuenta años después, el 2 de mayo de 1984, Uruguay conmemoró el campeonato de 1930 con una estampilla, en la que se reprodujo la imagen del afiche oficial de la primera Copa del Mundo (Scott 1159).

EL VIAJE DE LINDBERGH A SUDAMÉRICA (I). RUMBO A MÉXICO

Charles Lindbergh

A partir del 28 de mayo de 1928, diario El Comercio de Quito publicó, por entregas, la traducción del relato de Charles Lindbergh sobre su viaje a México, El Caribe y Sudamérica, en el Spirit of St. Louis. Después de su hazaña trasatlántica, el piloto norteamericano fue recibido como un héroe en los países que visitó; su presencia fue saludado, en muchos casos, con emisiones postales, y en determinados trayectos del viaje Lidbergh, transportó correspondencia. Nos ha parecido de mucho interés para nuestros lectores, especialmente los interesados en la aerofilatelia, reproducir ese relato, y lo haremos por entregas a partir de esta edición del blog.


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Charles Lindbergh junto al Spirit of St. Louis, avión con el que cruzó
el Atlántico y viajó luego a México, El Caribe y Sudamérica
El aeroplano ha acercado entre sí a las regiones más remotas del globo pues las tiene a pocas horas de las metrópolis y ha facilitado el acceso del hombre al rincón menos explorado del planeta.

En la actualidad se puede volar con iguales comodidades sobre los lugares congelados del polo que sobre las selvas tropicales ecuatoriales.

Ya no hace falta que el aviador se halle cercano a una base naval aérea ni que disponga de un cuerpo de mecánicos, pues los aeroplanos pueden viajar miles de kilómetros asistidos únicamente con reparaciones ligeras y oportunas. Pueden llevar también pasajeros por un costo que es ligeramente más alto que el ferrocarrilero.

En los países que tienen pocos ferrocarriles el aeroplano ha venido a solucionar el problema de realizar largos viajes con pequeño costo.

El Spirit of St. Louis después de haber cubierto algo más de 30.000 millas de recorrido al final de su viaje de exploración aérea por los Estados Unidos, se encontraba en excelente condiciones y estaba en capacidad de emprender en nuevos y atrevidos vuelos.

La partida desde el aeródromo de Bolling

Siempre tuve fuertes deseos de conocer los trópicos, desde tempranos años; ya de aviador no era posible me negara a mí mismo tan agradable viaje, pues soy interesado como el que más en que llegue cuanto antes la fecha de que se inaugure, como cosa perdurable, la unión de las diferentes capitales americanas por líneas aéreas. La oportunidad vino a las manos el día menos pensado, en que el Presidente de la República de México, el eminente estadista y genial don Plutarco Elías Calles, por intermedio de su Ministro residente en Washington, hízome formal invitación para que fuera allá y visitara su país. Los preparativos preliminares duraron menos de una semana.

Llegado que hubo el día de partir, tomé posesión del aparato conduciéndolo a través de un campo de 2.000 pies de extensión, en su mayor parte lodos, hasta que por último, el Spirit of St. Louis comenzó a elevarse, hasta tomar completo dominio del aire. Esto sucedía pocos minutos después del medio día del 13 de diciembre de 1927, y la extensión de mi vuelo comprendía la distancia desde Washington a México, la América Central, Panamá, Colombia, Venezuela y algunos países del Mar Caribe.

La partida fue afortunada, mas no bien hube desaparecido de la sección montañosa del estado de Carolina, que densos nubarrones y chubascos vinieron a interrumpir mis esperanzas de disponer de buen tiempo durante tan comprometida prueba. La noche me sorprendió el momento menos esperado, con sus cortejos de sombras, y muy luego, de absoluta obscuridad. La luna se negó a ser mi compañera como lo habría deseado cualquiera y la lluvia caía sobre mi sin misericordia. En mi imposibilidad de descubrir el horizonte hice varios intentos de descubrir el paraje en que me hallaba explorándolo con el reflector, mas todo fue en vano.

El sello postal con el que el correo norteamericano conmemoró el viaje trasatlántico de Lindbergh

Me guiaba tan solo por las agujas de los instrumentos que llevaba a la vista, detalle que no me fue tan necesario en el vuelo a través del Atlántico, cuando me iba a París. Los vuelos en que se hace preciso regirse por las agujas de los aparatos, a causa de la obscuridad, son bastante laboriosos y requieren  buen caudal de conocimiento y mucha serenidad; pues es preciso no solamente atender a la dirección, sino también al nivel de altitud que varía en cada caso.

Volando a menos de cien pies de altura sobre el mar

Tan luego como se hundió el sol en el horizonte, mi primer preocupación fue ganar el flanco de la costa del Golfo, que lo conseguí con satisfactorio resultado, ayudado del compás inductor de tierra, llegando bien pronto al punto indicado en el mapa que me servía de referencia. Una vez en el Golfo me topé con mayor niebla y obscuridad que me obligaron a descender hasta cosa de cien pies sobre la agitada superficie de las olas y me guiaban con sus fosforescencias, siéndome forzoso recurrir a esa ayuda para continuar mi marcha. A raíz de mi vuelo trasatlántico creí del caso equipar el aparato con un altímetro supersensible, pues que sin ese aparato los vuelos a 100 o 150 pies de elevación a lo largo de la costa serían a mi juicio, imposibles. La nueva dificultad con que tropecé  ahora fue la excesiva duración de la noche, ya que en mi viaje a Francia la obscuridad duró solamente cinco horas, por cuanto el vuelo lo hacía en dirección oeste, contra el sol y a 50 grados de latitud septentrional. Todo lo contrario ocurría en el vuelo a México en el que la dirección era ligeramente occidental, en latitudes meridionales donde las noches son largas. La obscuridad duró trece horas treinta minutos.

Reconocí al punto la ciudad de Tampico, situada en la costa oriental de México, con sus tanques enormes de petróleo que semejaban fuertes bélicos. La niebla espesa la cubría casi por completo, impidiéndome la examinara y me vi obligado a descender todavía más, hasta la altura de cincuenta pies sobre el río Panuco; pero la obstinada niebla no me permitió permanecer largo tiempo en esa posición y me levanté nuevamente no sin haber registrado el compás del aparato con rumbo a la capital de México, a donde me precisaba llegar cuanto antes.

TODO UN SUCESO LA SUBASTA DE STACK'S BOWERS. US$ 456.000 POR UNA MONEDA ECUATORIANA

8 escudos de 1844. Se vendió en US$ 456.000
Como Eldorado, identificó la casa de subastas Stack's Bowers la colección de monedas colombianas y ecuatorianas que puso a la venta en Nueva York, este viernes 12 de enero de 2018. 361 monedas colombianas coloniales y 42 ecuatorianas, de estas últimas, 33 de predecimales de oro, 6 predecimales de plata y 4 decimales de oro. Una segunda parte de la subasta incluye 344 piezas colombianas, coloniales y republicanas.

Todas las monedas ecuatorianas se vendieron, y los precios alcanzados muestran que despertaron gran interés y fueron arduamente disputadas por los interesados.

El precio más alto, US$ 456.000, se pagó por la moneda de 8 onzas de oro de 1844, el Rey de las Onzas, tal como fue identificado en el catálogo de la subasta. Se trata de la única pieza conocida en la actualidad; la última vez que salió a la venta fue en la subasta de la colección Mortimer Hammel, realizada por la casa Stack's en 1982, y se vendió en US$ 32.000. Al parecer existía otro ejemplar en la colección de Enrique Maulme, pero fue robada y se ha perdido su rastro. El precio alcanzado superó con creces al estimado de entre US$ 75.000 y US$ 150.000 fijado en el catálogo.

8 escudos de 1842. Se vendió en US$ 102.000
Otra moneda de 8 escudos, la acuñada en 1842, superó también el precio estimado de entre treinta y cinco y setenta mil dólares y se vendió por el precio total de US$ 102.000. Salió a la venta por última vez en octubre de 1972, cuando Stack's subastó la colección de Alfred R. Globus.

De la moneda de 8 escudos de 1845 existen tres variedades, una con el busto de Bolívar mirando a la derecha y dos con la mirada hacia la izquierda; de estas dos últimas, una muestra el escudo de armas con las astas de las banderas en la parte inferior y otra sin esas astas. Las variedades con y sin astas se ofrecieron en la subasta y alcanzaron, la primera, un precio de US$ 40.800 y la segunda US$ 48.000.

US$ 48.000 se pagó por la moneda de 8 escudos de 1854; otra pieza de la misma moneda, pero de inferior calidad, alcanzó US$ 3.600. 

Se vendieron también las piezas de 8 escudos acuñadas en 1838 (US$ 43.200), 1839 (US$ 7.800), 1840 (US$ 21.600), 1843 (US$ 6.600), 1847 (US$ 27.600), 1848 (US$ 31.200), 1850 (US$ 21.600), 1852 sobre 1850 (US$ 15.600), 1855 (US$ 2.400) y 1856 (US$ 5.040).

Entre estas piezas salió a la venta la acuñación de 1849 sobre 1847, pieza de extrema rareza que se tenía como no confirmada y que podemos ver ya como existente; se pagó por ella US$ 31.200.

Las monedas de 8 escudos de 1845, variedades con astas (izquierda) y sin astas (derecha), por las que se pagaron US$ 40.800 y US$ 48.000

La subasta incluyó seis monedas de 4 escudos (1836, dos ejemplares de la de 1837, 1838, 1839 y 1841), por las que se pagaron, respectivamente, 5.040, 10.200, 3.000, 13.200, 15,600 y 11.400 dólares. 

Entre las cuatro monedas de dos escudos que se ofrecieron, la de 1834 se vendió en US$ 17.400 (1834), dos ejemplares de la de 1835, ensayador Guillermo Jameson, alcanzaron US$ 7.800 y US$ 2.880. También se vendió la rarísima pieza de 1835, ensayador Felicísimo Pardo, de la que no se conocen más de tres ejemplares, en US$ 9.600.

Las raras monedas de 8 escudos 1849 sobre 1847 (izquierda) y 2 escudos ensayador Felicísimo Pardo, se vendieron en US$ 31.200 y US$ 9.600, respectivamente

Tres monedas de un escudo de los años 1833, 1834 y 1835 se adjudicaron en 1.200, 4.320 y 2.400 dólares, respectivamente.

También salieron a la venta tres ejemplares de la Moneda de Quito, dos con la contramarca en monedas de dos reales de 1819 y 1821 y una en moneda de 8 reales de 1821. Se vendieron en US$ 1.020, US$ 1.080 y US$ 1.680, respectivamente.

Las tres monedas con contramarca MDQ, sobre 2 reales de 1821, 8 reales de 1821 y 2 reales de 1819,
que se vendieron en US$ 1,080, US$ 1.680 y US$ 1.020, respectivamente

Las monedas de 8 reales de 1846 y 1858 y la de 4 reales de 1862, cuño francés, se vendieron en US$ 3.600, US$ 900 y US$ 9.000, respectivamente.

Monedas de 8 reales de 1846 y 1858 y de 4 reales de 1862, vendidas en 3.600, 900 y 9.000 dólares


Finalmente, dos monedas de diez sucres de 1899 y 1900 se vendieron en US$ 1.200 cada una y dos cóndores de 1928 en US$ 2.400 y US$ 1.320.